![]() |
____________________________________________________ |
|
Inicio Todos los archivos contenidos en esta página: texto, audio y video, pueden ser reproducidos libremente. Agradecemos que lo comuniquen mediante la sección contactos.
|
Algunos de sus textos Arte poética
Yo no juego con la muerte. No juego con los amigos que eligieron esa forma solitaria del exilio ni con mi padre o compañeros forzados a la partida con el engaño del regreso. Yo llevo tranquilamente mi alma en un plato al almuerzo de los años futuros, por encima de burlas y amenazas, como hiciera Maiacovsky cuando eligió su corazón como último refugio.
No juego tampoco con la locura, los gatos, los espejos, o los sueños que vivo con la intensidad de un sueño. No podría jugar con mi propio rostro en el espejo, con la severidad con que me mira o la sonrisa que rescata una mentira y hunde cada pequeña traición innecesaria.
Yo no juego con la muerte ni con mis alucinadas reiteraciones que frecuentan los paisajes de la locura y llevan el territorio de lo posible a esos abismos sin eco ni final, sin bordes para que la mano o la razón detengan la caída. No juego con la muerte. No juego conmigo.
Hay horas en que el silencio trepa los costados de la noche y mis manos a oscuras no encuentran el límite de mi propio aliento. Hay horas, reconozco, en que mi alma vaga de cuarto en cuarto y observa mi cuerpo que duerme ajeno a la requisa de papeles, de sueños, de aquellos objetos que cuido no me toquen, de esos rostros que ordenan mi memoria y me ayudan a mentir en el recuerdo.
Reconozco también que hay horas que transcurren sigilosas, atentas, que caminan de sueño en sueño de espejo en espejo, de rostro en rostro, y recorren el vasto mundo por los techos como gatos. Tal vez sea gato algunas horas y la muerte me conceda ese deseo.
Pero yo no juego con la muerte que aparece en mis sueños o mi biblioteca las noches que comparto con la soledad y el alcohol. Yo no juego con la muerte que me permite visitar a mi padre y mis amigos, que me deja hablar en sueños con los que pronto irán de su mano, aparecerán sin previo aviso entre poemas y papeles o en el espejo al levantarme, y volverán solamente las noches que comparta con la soledad y el alcohol.
Yo no juego con la muerte, no podría tampoco jugar con los sueños de antiguas amantes: tanta ilusión guardada en la memoria tanto amor que no cabe en la palabra amor tanto placer que no sé cómo cabe en mi cuerpo tantas mujeres que al fin fueron la mujer que comparte locura sueños abismo espejos noches por los techos mujer inasible y real conformada por todas las mujeres de las que recuerde su rostro en el espejo.
La muerte me conoce. Alguna vez me ha invitado a esos dudosos paseos de los que no se vuelve. Pero sabe que por encima de burlas y amenazas yo llevo tranquilamente mi alma en un plato. Sin juegos. Cada uno en su lugar disfruta el almuerzo de los años futuros.
Reynaldo Uribe
Rito de la ausencia a Carolina, Nicolás, Imanol y Federico
I
En este transitar de sombras y montañas con las manos extendidas perpendiculares a mi pecho hinchado de sed,
te busco
desde mis cientos de siglos mi desarrollo físico y mental mis pasiones infinitas mi naturaleza moldeándose desde sus entrañas de rodillas a nuestra sensibilidad acorralada.
Y camino
con mi humana soledad a cuestas extrañando tu sueño hurgando indefinidas sombras consultando al viento y a las piedras, a las hojas secas y las verdes, a todo aquello que aún se guarda intacto inviolable y tan seguro de sí mismo como de su eternidad en la vida y en la muerte.
II
No acepto la infancia como símbolo de alboradas dueñas absolutas de su lenguaje propio o de un futuro promisorio o desafiante.
Yo descubrí en el nacimiento de mis hijos la permanencia inquebrantable del amor como fuente indestructible de energía y la magia de la creación como fruto de lo imperecedero de mi cuerpo; y me postré ante ellos desde el primer llanto porque hasta la eternidad serán los exclusivos cancerberos de sus propios e indelebles enigmas.
No estoy dispuesto tampoco a resignarme ante la muerte ni aceptarla como el eslabón de un ciclo. No quiero hablar de aceptación comprensión adaptación en fin, resignación quien se resigna ante la muerte se resigna también ante la vida.
Siento aún la impotencia ante lo magnificente la incertidumbre de lo ignorado el temor las dudas el asombro diario por todos y cada uno de los eslabones del ciclo natural, monótono y cotidiano como el salir del sol el amanecer de las estrellas el llanto de un pimpollo emocionado de rocío o un débil pichón que inicia el vuelo.
III
Busco al hombre para encontrar la paz y no para remendar heridas: como una alborada una común y definitiva sin grandes luces pero sin sombras tenebrosas al acecho.
No quiero la paz de utilería que sirva de consuelo. Busco la paz como uno más de los sagrados elementos, como el fuego, el agua, la sombra, el silencio, el parto, las montañas, la muerte o el pan.
IV
Quiero conservar el culto primitivo y ancestral ante lo mágico: lo que no es del hombre y hace al hombre.
Por eso busco y necesito al hombre esencial, el de carne y huesos pero con un armazón de acero o de nieve de fuego o agua dulce o lo que sea, el que guarda en sus más recónditas esquinas el Innombrable: en sus miradas más superficiales en sus manos y en sus pies y en cada poro de su piel, el que convive y lo alimenta y se alimenta.
Por eso mi temor de negociar el gusano que un día se hizo hombre por el hombre que cada día quiere hacerse más gusano. Estoy cansado de buscar al hombre tumultuoso y cerebral laberíntico y mortal el de carne y hueso y nada más
y nada más.
V
Mi único poema dirá
me despojo de mí y te descubro.
Reynaldo Uribe
El centrofoward murió al amanecer
Aquellas charlas, amigo, aquellas charlas están grabadas en las paredes de Nanterre: “Corre, camarada, el viejo mundo está detrás de tí”. Y aquí, bajo otros cielos, aquél mayo de Nanterre yo cumplía los 17 a los que quería volver Violeta.
Aquella charla amigo en que te dije que el sistema anotaba un tanto en nuestras barbas que nos quedamos dormidos en defensa y a pesar de los avances no generamos situaciones de gol: el sistema está entrenado, nos mató un amanecer al centrofoward y al abrir los ojos nos entró nostalgia por la lluvia nostalgia por la lluvia la de ahora es otra lluvia el vino no es el mismo al sexo le pusieron saxo extraviándolo de su propia melodía. Sabés qué pasa mi querido amigo no quedan tantas pensiones baratas ni esas prostitutas de Eduardo Dalter que “no esperan a nadie y sueñan” en la esquina de la Plaza López o en la cuadra del París ni Federico dice “oye mi sangre rota en los violines”. Preocupa eso sí el agujero del ozono pero nadie pregunta por el dedo que se mete y escarba corre camarada se viene el dedo el viejo mundo debe quedar atrás, a la vuelta de una esquina a la que faltan el buzón carmín y un misterioso sobre perfumado que custodie esa pequeña violeta ansiosa por dormir eternamente junto al poema 20 de Neruda.
Es otra cosa otro tiempo otro hombre no se consigue un zapatero bueno para coser la de cuero es otro tiempo otra cosa los arqueros no se calzan la gorra hasta los ojos las camisetas no vienen con solapas y botones al hombre le han cambiado el sueño lo dejaron temeroso del sida la pasión temeroso amor deseo silencio vibración de los sentidos cuando pelvis y pelvis aturden esa misteriosa desaparición del mundo el viaje en espiral al infinito.
Aquella charla aquella charla (cómo cuestan las palabras cuando se abandona el gesto) aquella charla de palabras del sistema y nosotros que pasamos los 17 pero queda sexo para combatir el sida manos para acariciar el sexo ojos para mirar las manos otros ojos para encontrar los ojos mirar a través del vaso y conspirar. Nos acosan amigo, nos acosan son muchos nos rodean nos hacen correr lejos de los muros de Nanterre nos alejan cambian la utopía pedazos de película que la Metro tiró por inservibles jugar armar un videoclip hacer cola con una regadera regar regar con entusiasmo.
Porqué no una regadera sin flor cargada con agua de cal caminar despacio por los lados luego prolija medidamente marcar el área penal la línea del centro el círculo hasta mandarse la joda dibujar con blanco sobre el pasto al centrofoward que murió al amanecer haciendo el amor con la mujer de sus sueños mujer con un telar que sueña que al amanecer un centrofoward destejerá punto por punto cada rincón oscuro de la luna.
Aquella charla aquella charla de qué sirve
conspiremos.
Reynaldo Uribe
Absolutamente cortinas a Pink Floyd
Cuando la soledad es como caer por el brocal de un pozo húmedo, oscuro, sin orillas ni contornos, sin puntos de referencia desde donde pueda tomarse conciencia de la existencia de uno mismo, porque uno mismo no es más que un vértigo de situaciones límites que eliminan todo viso de realidad, todo parámetro de locura o cualquier intento elucubrado de suicidio.
Cuando la realidad toca el filo de la poesía en su transgresión de tiempos y de espacios, en su desesperanzada migración a los pantanos que no son ni más ni menos que los que se pisan de este lado del espejo.
Cuando las pausas, los silencios, son campanas sordas que tañen en la profundidad de mares oscuros, espesos y aceitosos, apestosos de peces ciegos que gritan sin emitir sonido alguno pero con la boca abierta como queriendo abarcarlo todo, todo lo que existe en las profundidades de las que ningún humano conoce la clave para destrabar sus cerrojos, aunque mantenga la ilusión de furtivo visitante oculto de lo no visto.
Cuando se habla de esperanza a manos llenas y se riegan los campos con alquitrán, se inyectan con hormonas los maniquíes, se plastifican los gestos, las acciones, se previene cada paso no dado aún tirando la dentellada sobre el bocado ni siquiera pensado todavía.
Cuando todo está destruido y no quedan en pie raíces ni cimientos, pero hay monstruos que se relamen porque han sobrado unos despojos, las últimas gotas para el vampiro.
Cuando el apocalipsis ha obtenido su clímax siempre siempre hay un espejo que se empaña siempre hay un vidrio que se cubre de vapores y deja nuestro rostro solo abandonado incapaz de mirarse a sí mismo incapaz de reconocerse en los rostros cotidianos.
Reynaldo Uribe
Otoño
Una noche brumosa de Nueva York o Pichincha no recuerdo una tarde una mañana de sol de madrugada un feriado un amanecer un miércoles cualquiera un hombre cae se doblan sus rodillas y cae derramando sus palabras en la vereda cae el hombre y sus palabras en la vereda sucia sin baldosas en la vereda encerada en una vereda cualquiera de cualquier lugar pisada por los abnegados enfermeros de la guardia de emergencia pisada por diligentes policías que no encuentran al culpable pisada por curiosos por viciosos por periodistas por la amable mujer que barre las palabras con las hojas secas con los fósforos apagados los chiclets secos los restos de algodón como si fuera lo mismo morir en Nueva York o en Pichincha a mediodía o en feriado morir de muerte natural o conspirando derramar palabras o una inmunda sangre recordada en la mesa familiar ante la carne jugosa o en un vulgar análisis de colesterol.
Y con el tiempo la memoria confunde a las abnegadas almas de Nueva York y Pichincha a los enfermeros a los policías la memoria confunde a los viciosos a los periodistas y dicen que fue un fósforo que quemó un hombre una mañana de sol de madrugada un feriado un amanecer un miércoles cualquiera que se atragantó con un chiclet que el algodón estaba infecto porque era reciclado que el culpable no aparece que el culpable fue condenado a cadena perpetua fue barrido por una mujer su cómplice y la prueba número uno la escoba no aparece. Las palabras caídas mientras tanto siguen allí en la alcantarilla tapando a las hojas secas que caen tapando a las palabras que caen y nadie está dispuesto a recoger.
Reynaldo Uribe
Búsqueda
Busca, hijo, busca, como alguna vez lo hicieran los antiguos. Busca en tu niñez o la saga de tus sueños entre las ruinas de la ciudad fantasma en el aliento de desiertos y torrentes o en el eco de tus pasos. Busca en laberintos o en sagrarios en la pátina de los escudos en aquellas profecías en la música de los pastores en los cráneos de los traidores lastimando la luz con su reflejo. Busca en olvidadas catacumbas en el rastro de los cuervos cuando vuelan en las sagradas escrituras en el sendero del sol sobre el mar en el ocaso. Busca en las palabras que quedaron adheridas al silencio o en aquéllas fecundadas por aves y peces y abejas destiladas por fin en el desvelo. Busca hijo entre las piedras en la huella del viento en la sombra que alguien olvida cuando pasa en los caminos sin origen ni destino.
Busca, hijo, busca.
Reynaldo Uribe
De espejos, poemas y suicidios
Basta un pequeño olvido un instante de distracción y las agujas del reloj inician un tiempo propio para cada gesto. Entonces los espejos no sirven para reflejarnos: es nuestro rostro que repite la figura unidimensional y fría dibujada en el vidrio.
Puede multiplicarse nuestra boca para llenar el espacio de sonidos. Pueden superponerse nuestros ojos, ubicarse en el medio de la frente para competir con Júpiter sobre el dominio del aire y del cielo. Puede haber la voluntad de destrabar las entrañas y producir ese vómito atrasado que escarbaba la memoria. Es posible que los pómulos acompañen la violencia volcánica acumulada contra uno mismo contra el propio silencio.
También el suicidio tiene cabida, se puede repetir la figura neutral y justificar la impasividad del espejo.
Todo es probable tratándose de espejos, han acumulado en sucesivas estaciones las ínfimas señales de cada poro, los signos de cada paso de las horas, los desvaríos que provoca un olvido un poema un instante de distracción. Todo es probable tratándose de espejos, sólo ellos desnudan nuestro rostro: sospechoso cómplice de uno mismo o con la palidez indiferente del idiota cuando acaba de orinarse en público.
Reynaldo Uribe
Cerrojos
Una llave extraviada en la profundidad del océano o en osamentas que calcinan las arenas escorpiones que rondan pisan anidan donde tiempo atrás habitó un sueño una ilusión otro escorpión.
Viento. Sólo viento en las entrañas de la memoria. Sólo memoria en las entrañas. Sólo viento. El mar es indescifrable para las tormentas del desierto las arenas enceguecedoras son indescifrables para los caracoles o el canto de las sirenas. El sonido suele ser una falacia para aferrar a los sordos al mundo de los ciegos. Hay rocas volcánicas más duras que el corazón más duro más livianas que la mirada. Mitos y epopeyas rondan el gesto sombras chinescas sombras de los gatos sombras de los sueños. La fragilidad de memoria de los dioses la proyección infinita hacia el olvido de oraciones rituales sacrificios flagelos para alejar a dios del cuerpo comuniones con el lado oscuro e insondable de uno mismo su memoria sus deidades.
Voces afónicas agónicas claman exigen suplican extrañan una llave algo parecido a una palabra.
Reynaldo Uribe
En mi andar de soñador comprendí mi mal de vida
Andar con la memoria a cuestas refugiarme sólo en la estación que vendrá, esa que ya no recibe ni despide trenes.
Buscar el amor que siempre parece cerca, esconderme de la muerte agazapada en mi sombra, querer asir la vida que inevitablemente está en la línea de horizonte.
Habitar casas como hoteles, oler flores del mantel y las cortinas
ver de las valijas
(como del vaso de vino)
la mitad llena o la mitad vacía.
Reynaldo Uribe
|