____________________________________________________

Inicio

Antecedentes

Obra

Comentarios

Artículos

Revistas Dirigidas

Los poemas en su voz

Galería Fotográfica

Contacto




CAPACITACION DE PERSONAL

PARA LA ACCIÓN CULTURAL

 

 

 

Con frecuencia escuchamos hablar de la necesidad de capacitación adecuada, para enfrentar y resolver los problemas emergentes de una sociedad que, sobre el fin del siglo, permanentemente propone nuevos interrogantes.

Sin embargo no se toma conciencia que los verdaderos cambios en toda sociedad están fundados en causas culturales, y las áreas de cultura oficiales suelen ser el campo de experimentación de proyectos sin sentido, los únicos trabajos para los que no se requiere especialización ni formación alguna, más que una actitud voluntarista o de boy scout por “hacer”, no importa qué.

El resultado es obvio: los organismos culturales oficiales están en la retaguardia del pensamiento de la sociedad y, la más de las veces -producto de su falta de formación- no advierten que trabajan en función de modelos ajenos a nuestra cultura.

La pátina que ofrece un cargo, el status que esta sociedad otorga a la cultura y la sensación paternal del que dispone el destino del dinero público, sin dudas son tentaciones secretas que movilizan a más de uno y, al restringirlas a su universo personal, condenan a la acción cultural a meras transacciones atomizadas que no alcanzan a conformar una propuesta totalizadora, participativa, y coherente con un proyecto atento a nuestra realidad cultural.

Esta improvisación en la elección del personal que debería estar altamente capacitado para el desempeño de la acción cultural, evidentemente no ocurre en áreas como Salud, Economía u Obras Públicas.

Otros países, en cambio, desde hace un tiempo han detectado estas falencias y se han propuesto revertirlas creando distintas instancias de capacitación y reflexión.

Entre el 10 y el 20 de enero de 1978, se realizó en Bogotá, Colombia, la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales en América Latina y el Caribe, organizadas por UNESCO. En esta reunión (Americacult) y profundizando la temática iniciada en 1970 en Venecia y proseguida luego en Eurocult (Helsinki, 1972), Asiacult (Vogyakarta, 1973) y Africacult (Accra, 1975), se recomienda prestar especial atención a la formación del personal del desarrollo cultural y a la investigación en materia de políticas culturales.

No es la primera vez que se habla del tema en nuestro continente, ya que en Venezuela el CONAC, Concejo Nacional de la Cultura, por intermedio del centro Latinoamericano para el Desarrollo Cultural (CLADEC) estaba organizando para ese año de 1978 el IV Curso de Administración de los Servicios Culturales con el auspicio de la Organización de Estados Americanos. Estos cursos, que aún se desarrollan, están destinados a elevar y complementar la formación especializada del Administrador Cultural a través del estudio activo y aplicación de los elementos que intervienen en la organización de un proceso de gestión cultural, así como en la consideración de las políticas y estrategias para tal fin. La OEA beca anualmente un representante de cada país miembro de la Organización con el propósito de que aplique luego en su lugar de trabajo los conocimientos allí adquiridos. Paralelamente a esta tarea, el CLADEC organiza permanentemente cursos regionales en Venezuela a lo largo y ancho del territorio, con el fin de capacitar a todo el personal que se ocupa de la Administración Cultural, en todos sus niveles.

La Universidad de Brasilia, la Secretaría de Cultura del Estado Federal y la Fundación Getulio Vargas, lanzan en Brasil un programa interamericano con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo, para la formación de administradores en el campo de la gestión de proyectos culturales. Esta experiencia recibe posteriormente apoyo de la UNESCO y la OEA, y a partir de 1980 en Río de Janeiro se desarrollan cursos interamericanos de administración de proyectos culturales.

En Kingston, Jamaica, existía ya en ese entonces el Centro de Formación de Agentes Culturales.

Estas iniciativas no son exclusivas ni novedosas. En Francia se desarrollan cursos de animación socio cultural desde 1959, habilitándose una escuela en 1964. El 16 de julio de 1971 se dicta una ley que consagra la formación profesional de los animadores. Es así que en Francia había 41 centros de capacitación de animadores culturales y se organizaban 67 unidades de formación distintas.

En España, el Centro de Investigación y Acción Cultural (antes Centro de Estudios Marsiega) realiza cursos breves de animación desde 1976, y desde 1980 realiza un curso más integral de un año de duración.

En nuestro país tenemos mucho que lamentar en este campo. Los responsables de las áreas de cultura oficiales carecen de una adecuada formación sistematizada; no son profesionales del área, sino designados por decisiones políticas, unas veces acertadas y otras no, que tienen como misión ejecutar planes más políticos que de política cultural.

En 1985 se produce un fenómeno muy interesante en Buenos Aires: la concreción de las Primeras Jornadas Nacionales de Administración Cultural. Los responsables de esta tarea fueron fundamentalmente Carlos Gorostiza (entonces Secretario de Cultura de la Nación) y Jorge Cremonte (Coordinador General de las Jornadas). Estuvieron presentes como principales oradores Edwing Harvey (Argentina, ex Presidente del Fondo Nacional de las Artes), Evangelina García Prince (Venezuela), Gustavo Malek (Director de la Oficina Regional de Ciencia y Tecnología para América Latina y el Caribe, de UNESCO, y posteriormente representante de dicha Organización para la Argentina, Uruguay y Paraguay), Juan Cobo Borda (Colombia), Jorge Cornejo Polar (Perú), Miguel Angel Monteavaro (España), Jackes Rigaud (Francia) y Dardo Cúneo (Argentina, quien fuera Director y Fundador del CLADEC en Venezuela). El tema básico de estas Jornadas fue la necesidad de capacitar a las personas abocadas a la tarea cultural, como única garantía de que pueda concretarse un proyecto cultural propio y participativo, como corresponde a un país que decide iniciar en forma definitiva el camino de la democracia. Esta profesionalización de una disciplina como la cultural, significa que hay una necesidad a cubrir con un nivel de idoneidad, para lo cual no basta con ser escritor, músico o plástico, que es lo que generalmente se prefiere para el desempeño de las funciones culturales.

La creación de un ámbito de investigación sobre la problemática cultural, la tarea de expresión y creación, y la formación de promotores y agentes culturales sería una respuesta a las necesidades de nuestro tiempo. Es trabajar en función de un proyecto a mediano y largo plazo, sembrar la semilla de una idea de cultura propia y participativa como un efecto multiplicador que se filtre por las redes de la trama de nuestra sociedad para que a partir de ella las palabras yo, ciudad, barrio, cultura, sociedad, semejante, país, América, sean nuestra propia carne y nuestra propia vivencia, y no meras frases de cajón.

“Hoy por hoy, la situación ha mejorado bastante con relación a lo que existía en 1978, cuando celebramos la Conferencia UNESCO Intergubernamental sobre Políticas Culturales, en Bogotá. Sería injusto negarlo”, reflexiona Evangelina García Prince. Y concluye: “América Latina debe hacer un esfuerzo para consolidar las iniciativas ampliamente probadas que tenemos en este campo y dar un impulso definitivo a los programas de formación indispensables para llevar a la cultura a la posición que le corresponde entre los dominios estratégicos, que nos permitirán salir de la crisis que doblega nuestras soberanías nacionales al ordenamiento que imponen los centros financieros del exterior y la maquinaria transnacional, productora de una industria cultural que enajena las mejores fuerzas de nuestros pueblos que son, como lo recoge el Popol Vuh, las fuerzas del diálogo entre hermanos”.

 

Reynaldo Uribe

1995

 

 

 

(Inicio)