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Discurso pronunciado

en el recinto del H. Concejo Municipal de Rosario,

actuando Uribe en representación del movimiento

“Llamamiento de los 100 para seguir viviendo”

con motivo de conmemorarse el 50º aniversario

de Hiroshima y Nagasaki

 

 

“Hacia el final de un discurso de gran importancia / el gran hombre de estado al tropezar en una bella frase hueca / cae adentro / y desamparado, la boca desmesuradamente abierta, jadeante/ enseña los dientes / y la caries dental de sus pacíficos razonamientos / deja en descubierto el nervio de la guerra / el delicado asunto del dinero”.

¿Porqué comenzar con este poema de Jacques Prevert?

Justamente porque en la misma proporción los grandes países escriben “discursos para la paz”, y organizan guerras en los cinco continentes. Es la única manera de mantener la monstruosa industria bélica montada, y de la cual el 70% de su producción es vendida a los países del Tercer Mundo.

¿Porqué comenzar estas palabras con el poema de Prevert? Porque los países hegemónicos festejaron los cincuenta años de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, no porque se hayan vuelto pacifistas, sino que hacen un buen balance de las suculentas ganancias obtenidas con la fabricación y el tráfico ilegal de armas, y porque en cincuenta años se han acrecentado los conflictos culturales, religiosos, raciales, económicos, y las perspectivas del mercado les ofrecen un panorama alentador.

Convengamos en que la Segunda Guerra Mundial, que costara casi 60 millones de vidas humanas (el doble de la población entera de nuestro país), fue paralelamente un buen negocio para muchos.

Ya finalizada la guerra Estados Unidos decidió unilateralmente provocar los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki como una manera de imponer su presencia, presencia que con el correr de los años sólo ha conseguido incrementar la capacidad nuclear en el mundo. Después de la euforia armamentista de la época de la guerra fría, vino la euforia de la coexistencia pacífica, por lo cual había que armarse más en aras de la paz y la seguridad internacional.

Ante esta situación, el 2 de mayo de 1984, apenas comenzada nuestra democracia, surgió en Buenos Aires el LLAMAMIENTO DE LOS CIEN PARA SEGUIR VIVIENDO, como un movimiento que sale al cruce de los argumentos que ya estábamos adoptando como propios y naturales. Los gobiernos callan ante el creciente aumento del potencial atómico de los grandes países, y los países pobres tratan a su manera de armar su propia bomba en el altillo o en la piecita del fondo; el LLAMAMIENTO DE LOS CIEN es de las pocas organizaciones no gubernamentales que por carecer de intereses políticos y porque sobre éstos antepone la defensa de la vida, denuncia el riesgo al que la humanidad entera está sometida por voluntad de unos pocos, con ese viejo cuento de la bipolaridad que no era ni más ni menos que un reparto de los mercados consumidores del mundo.

El 27 de marzo de 1985, hace 10 años, se constituyó en Rosario una mesa coordinadora del LLAMAMIENTO DE LOS CIEN PARA SEGUIR VIVIENDO. La integraban el ex-concejal Bluma, Gregorio Kaplan, el Dr. Simón Arelovich, y Alberto Campazas, el cual tuvo a su cargo el discurso inaugural en el recinto del Concejo Municipal. En ese entonces se propuso conformar un gran movimiento en la ciudad y la provincia, reivindicando los principios enarbolados por el Llamamiento surgido en Buenos Aires.

Hoy estamos recordando los cincuenta años de la Bomba Atómica, y lo que nosotros consideramos como un crimen, sin imagen con qué compararlo, también es motivo de festejo para los que están decididos a imponer sus absurdos principios por la fuerza. Gracias a Hiroshima y Nagasaky se ha avanzado mucho en la utilización de la energía atómica, aún con fines supuestamente pacíficos: el accidente de Chernobyl desplegó un potencial radioactivo diez veces superior al de la primera bomba. Y pareciera que se piensa avanzar aún más, Francia da el ejemplo y tal vez aspire a ocupar el primer puesto para presidir el próximo Gran Discurso sobre la Paz. Porque la fabricación y tenencia de los armamentos nucleares siguen marcando posiciones sobre la faz de la tierra, y si bien ya no está presente aquella antigua bipolaridad, ahora, con la desintegración de la Unión Soviética en su lugar hay cinco países con capacidad nuclear. Además, el desarrollo de la tecnología ha sofisticado el oficio de matar: Japón, potencia industrial y financiera, primera víctima de la demencia, quiere ser también potencia especializada en gases tóxicos: sin ruidos ni escombros.

Las grandes potencias, despreciando nuestros más elementales derechos de soberanía, pasean toneladas de material radiactivo por nuestros mares y nuestro Señor Presidente lo consiente.

Mientras tanto, el dinero que se está gastando en armamentos en el mundo, es el que está faltando para resolver problemas de desnutrición,  de educación, de vivienda, de seguridad, de derecho a una vejez digna, de fuentes de trabajo.

En  1987, el LLAMAMIENTO DE LOS CIEN PARA SEGUIR VIVIENDO fue designado MENSAJERO DE LA PAZ por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y en estos diez años estuvimos trabajando mucho para difundir en la sociedad nuestros postulados. Pero recordemos siempre que para seguir viviendo y para buscar la PAZ verdadera entre los seres humanos y los pueblos, no basta con una paloma blanca sino que además hay que luchar por la dignidad y la felicidad del hombre en todos sus aspectos, como así también por la defensa de los Derechos Humanos.

Y para que este acto no se confunda con aquellos discursos para la paz de los que hablaba Prevert, cada uno de nosotros, al salir de este recinto, debe asumir el tránsito de la protesta a la propuesta y convertirse en un verdadero militante por la paz y la justicia en cada lugar y en cada minuto de su vida.

Muchas gracias.

 Reynaldo Uribe

 

 

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