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(Libro de Luis Francisco Houlin – Ed. Catálogos, Bs. As., 2000)
(Texto escrito en ocasión de realizar la presentación de este libro en la ciudad de Venado Tuerto)
Me gusta disfrutar la poesía como de un acto de magia. Abrir un libro es como asistir a una función. El poeta-mago ordena voces por todos conocidas, simples palabras que hasta pueden ordenarse para el mal; pero él obtiene algo que maravilla: nos traslada a otros universos, instala la duda o la belleza, obliga a repensar paisajes que estaban estáticos en la retina, mostrándonos otro ángulo, otra luz, otros olores. No interesa descubrir dónde está el truco de los prestidigitadores ni las intenciones del poeta. Es preferible disfrutar de lo que ambos nos ofrendan, y abrir los sentidos para recorrer los lugares a que nos invitan. Roberto Juarroz abre la primera puerta de este viaje: Desbautizar el mundo, sacrificar el nombre de las cosas para ganar su presencia. La palabra: ese cuerpo hacia todo. La palabra: esos ojos abiertos. Sacro se presta para eso. Fue libro de poemas cuando lo leí por primera vez; ahora es un único y largo canto que Luis Houlin seguramente escuchó atado al mástil de su nave. Por suerte creyó que conocía el puerto de destino, y pudo contarnos su viaje con palabras. Por suerte las certezas son tan vagas, que los laberintos construidos con palabras siempre inauguran nuevos recorridos, en los que se escucharán nuevos cantos. De no estar atentos se podría decir: “el poeta recurre a”; pero no es así, son otras voces las que acuden a Sacro y conversan con él. Como nos advirtiera Virginia Wolf: ¿Quién habla de escribir? El escritor no habla de eso, está preocupado por otra cosa. Es cierto que los temas recurrentes en poesía son la vida, el amor y la muerte. Pero se los puede ver como la ameba, y faltaría poesía. Se los puede considerar como obvios, y además de la poesía faltarían los gestos. Necesitábamos al poeta para que los reconstruyera y encontrara algo más: una ceremonia con todos sus misterios, una comunión con el que observa para que se integre también al ritual. El Libro del Tiempo, así se llama el Pop Wuj, nos preanunciaba desde el libro Lugar: Así hablaban cuando miraban, cuando invocaban la vuelta del alba, allá en donde el sol se levanta, contemplando la Luna-Sol, gran estrella que antes de la salida del sol ilumina en el cielo, sobre la tierra, el camino de los hombres construidos, de los hombres formados. Sacro es ese lucero que invita a inaugurar el día. No es un libro, del mismo modo Luis no es su autor: es un ojo que vigila las fórmulas de la liturgia, está atento a los recorridos del ritual, elige del mundo lo que de él puede dañarnos y bendecirnos, y arma un universo nuevo que ubica con Lao Tse: La sabiduría del cielo es la del arquero: rebaja lo alto y levanta lo bajo. Lo deja instalado en la conciencia para que en la intranquilidad nos podamos encontrar. El poema será siempre un parte de guerra, un recuento de prisioneros al final de la batalla aporta Julio Cortázar en su “Imagen de John Keats”
Nada de todo esto es casual. Los magos recurren a la rapidez de sus manos y la sorpresa, Luis se apoya siempre en la palabra, propia y de otros magos, en la sorpresa de descubrir a Confusio en Girri: Cuando lograste alcanzar el significado justo, detente. Sacro es un permanente detenerse y continuar, Lugar y Sacro son permanentes, señales, cantos de hosanna, mañanas constantes; impiadosa exige íntegra luminosa nuestra visión ahora exige; el cielo límpido, interminable no lo cobija lo sostiene; certeza de ser ese único sonido del que nunca dice nada; las cosas desaparecen cuando quien cree oírlas calla. Es una nueva y humana comunión. No se puede acceder a Sacro si no se entra en él con el mismo despojo con que disfrutamos del ilusionista, recién entonces comenzará la iniciación. Al regreso descubrimos que al piloto de esta travesía lo define Marguerite Yourcenar: Existo eternamente en lo que dí Podemos agregar: en la Diosa Blanca.
Reynaldo Uribe Setiembre 2002
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