____________________________________________________

Inicio

Antecedentes

Obra

Comentarios

Artículos

Revistas Dirigidas

Los poemas en su voz

Galería Fotográfica

Contacto




Prólogo al libro

Buscando la palabra perdida, de Salvador Chaila

 

 

Las cosas no ocurren por obra y gracia de la casualidad. El espíritu de este nuevo libro de Salvador Chaila, Buscando la palabra perdida, fue preanunciado por el poeta Alfonso Nassif en sus palabras para el primer libro de Chaila, Poemas del último día (1983): “Solo. Acompañado de su antes y su después, recorre el tiempo despersonalizado, el de todos, ya no suyo. El laberinto que nos pierde, todo lo que nos salva”. Y el mismo Chaila dedica Con el vuelo abierto (1995) a su madre: “por haberme enseñado a leer en la piel del aire”.

Mucha agua ha corrido bajo todos los puentes desde entonces, pero el poeta supo elegir cuidadosamente las gotas más límpidas para bendecir la palabra, su palabra, y hacerla nuestra, de todos.

 

Sed del silencio

una gota sedienta

crear el río.

 

Y entonces ocurre la magia, lo que inspira al haiku desde sus más remotos orígenes.

 

Dejar la sombra

en el monte de nadie

para que vuele.

 

El haijin (poeta que escribe haikus) tiene -más que la habilidad- la virtud de observar un hecho simple y transformar ese brevísimo instante en un universo eterno y trascendente. Chauberlain destaca esta fugaz presencia: “resplandor súbito, sonrisa formada a medias, suspiro interrumpido antes de ser oído”. Es justamente arte descubrir lo sutil (“leer en la piel del aire”) en lo efímero y también en lo absoluto; es poesía pura encontrar la palabra que precede al milagro, o abrir los sentidos para permitir que esa palabra, única e irrepetible, nos habite.

 

Fondo de un cielo

encendido profundo

pozo de un sueño.

 

Salvador Chaila elige la técnica del haiku para expresarse en este libro. El término, que aparece en el S. XIX, se debe al poeta japonés Shiki Masaoka: antes se denominaba haikai o hokku. Luis Corrales Vasco destaca en este artista su libertad y apertura, dado que no se ata a los clásicos en cuestiones de “tema, el lenguaje, la métrica, o la propia palabra de estación”. Es decir, sale a veces del canon de 17 sílabas repartidas en 3 versos: 5-7-5, como así también de la vieja tradición de componerlos con un sentido de estación (otoño, invierno, etc.) o de Año Nuevo, particularidades de la cultura japonesa.

 

Esta evidencia

de morir en diciembre

traen las aves.

 

La forma del haiku es singularmente japonesa, pero creo con la mayor firmeza que tiene características que trascienden las barreras del lenguaje y la nacionalidad, y que la hacen apta para ocupar un lugar especial entre las formas de poesía occidental” (Henderson). En efecto, desde principios del siglo pasado fue adoptada por poetas ingleses y norteamericanos (“Tan fresca como las pálidas hojas húmedas / del lirio de los valles / ella está acostada al lado mío en el amanecer” – “Alba”, Ezra Pound), franceses y canadienses, portugueses y de habla hispana.

 

Dejo la senda

desde el niño y el viento

abriendo el alma.

 

Si recordamos que Salvador Chaila es tucumano, poeta inmerso en ese fragmento de país que compone el deslumbrante noroeste argentino, cabe la pregunta: ¿cuál es la raíz de los haiku de Chaila? ¿La ceremonia del té, la caligrafía, los arreglos florales, el kabuki, el bonsái? ¿O las 3 notas ordenadas en escala fija, acompañadas con golpes de guastana sobre el parche de la caja, que caracterizan la baguala?

 

Traigo la copla

caricia tras caricia

para anunciarte.

 

La copla es el sentir del hombre del noroeste, y canta sus alegrías, penas, vicisitudes del trabajo, el amor. Manifiesta una profunda reflexión en increíble síntesis. También refiere al carnaval, la pachamama, las fiestas y estaciones. Tienen un autor, pero cualquiera puede apropiarse de ellas y repetirla, compartirla, respirar con otro la misma palabra.

 

Suena y retumba

carnaval en la caja

lumbre y ocaso.

 

Me parece vano inventariar los instantes que el escritor atrapa para nosotros en este libro. Ya disfrutará el lector su propio recorrido por un universo fascinante de imágenes, lugares y sentimientos.

Personalmente quedo admirado del camino recorrido por este poeta. Camino recorrido a pie, sintiendo en sus plantas todas las rugosidades del terreno,

 

Sal y semilla

reconquistan la tierra

juntando estrellas.

 

con todos los sentidos abiertos, percibiendo cada uno de los latidos que rodean su marcha

 

Hacha del trabajo

filo sudor y caña

para entregarte.

 

y tomando nota del inmenso contenido humano que habita todos los rincones.

 

Pueblo pequeño

amar y desamar

sueño y ensueño.

 

Como en 1983, siguen vigentes las palabras de Alfonso Nassif. Un largo camino recorrido con la hermana coherencia, que sólo acompaña a algunos elegidos. La poeta riojana Lucía Carmona prologaba ese viejo libro del 83, y decía: “Por eso nos trae este libro, ni más ni menos que un alumbramiento de pacíficas vicisitudes entre el fragor de la confusión”. ¿Obra y gracia de la casualidad? No. Aquí está el arduo trabajo del poeta.

Quisiera guardar para mí la enseñanza de Ramona Tomasa Romano, su madre.

 

Se abre y se pierde

el mandato del aire

puerta primera.

 

 

Reynaldo Uribe

2006

 

 

(Los haiku que ilustran este texto pertenecen a Salvador Charla, de su libro Buscando la palabra perdida, Ediciones Juglaría, Rosario, 2006)

 

 

 

(Inicio)