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PRÓLOGO A LA SEGUNDA EDICIÓN DE RESISTENCIA

 

 

Heinrich Böll decía, refiriéndose a la situación de los escritores alemanes de posguerra: “Se debiera saber algo que es mucho más atinado, es decir: la búsqueda de un lenguaje habitable dentro de un país habitable”.

Una definición, que hoy continúa vigente en nuestra sociedad.

“La generación más reciente tiene que trabajar con empeño, tiene que hallar la salida, tiene que hacer habitable este país también en el plano de la literatura. Un país es habitado y habitable cuando uno puede sentir nostalgia por él”.

Y yo pregunto, ¿quién puede añorar la última década de nuestro país? Pero tanto ellos (los sobrevivientes de la segunda guerra) como nosotros, hemos dejado —porque era nuestro deber para las futuras generaciones— testimonio del horror.

“A los que no pudieron escribir su último poema”. Así comienza resistencia, de Reynaldo H. Uribe: con una dedicatoria despojada de todo artificio; el destinatario implícito es el ausente.

El título coincide con el tema central de la obra: la “resistencia” que surge de parte del hombre aislado por la represión frente a una sociedad no elegida que lo oprime y margina; como contrapartida está la búsqueda, a veces infructuosa y otras desesperada, por rescatar la dignidad humana.

Este tema se desarrolla mediante dos ejes semánticos contrapuestos: individuo versus sociedad, que corresponde a la oposición eros-tanatos. Los motivos que representan esa sociedad deshumanizada serán entonces: la corrupción (“No hay / un solo rincón / uno / donde la lágrima / permanezca intacta / limpia  /ella”); el exterminio (“que devora los últimos poemas”), el amor degradado (“alguien quiere / que el amor / sea una rata...”); el poder (“cuidado nuevos dioses / con programar amaneceres...”).

En contraposición, aparece el segundo eje semántico representado por los sentimientos más íntimos de la condición humana: la lucha (“se puede / aún / resucitar el sol”); los sueños (“los sueños / de hoy / son pájaros / sin cielo”); la tristeza (“cuando vea una rosa / y esté solo”).

Poesía nominal, libre de toda retórica, utilización precisa de la síntesis. Emplea un lenguaje desgarrado, ícono de esa realidad. Intenta desde el plano de la escritura plasmar la represión vivida cotidianamente; para esto se vale de imágenes expresionistas como “alguien quiere que el amor sea una rata...” o “no sé / si prostitución / es abrir las piernas / o cerrar los ojos”.

Tal vez uno de los hallazgos más sorprendentes de resistencia es que en ningún momento menciona el referente real, sino que está implícito en cada palabra o frase del poemario. No hay protesta fácil sino un reclamo justo del hombre hacia el hombre.

Esta segunda edición significa, en este caso, mucho más que una cantidad de volúmenes vendidos; implica a un lector, a un coautor que ha sobrevivido, que ha elaborado su propia “resistencia”.

 

Ana Victoria Lovell

Rosario / 1986

 

 

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