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LOS ELEGIDOS
(2007)
Ediciones Juglaría - ISBN 978-987-1166-25-1
Vivimos en un mundo fantástico. En una grieta del mundo real (¿real?). Aunque el espejo en que nos miramos pertenece tanto al mundo fantástico como al maravilloso, la imagen que refleja viene de otro lugar: las imágenes no caen en las grietas con tanta facilidad. Ya lo advertí hace unos años: Todo es probable tratándose de espejos, sólo ellos desnudan nuestro rostro: sospechoso cómplice de uno mismo o con la palidez indiferente del idiota cuando acaba de orinarse en público. Somos, en general, proclives a las distracciones. Detener la mirada en un pájaro suele hacernos volar con él y aterrizar luego en el territorio del pájaro. Fijar la vista en una hormiga nos puede llevar a un submundo de cavernas y colonias que se mueven siguiendo un orden que no entendemos, lo que puede dificultar el regreso, o hacerlo engorroso. Puede también ser casual un desliz del pensamiento o la memoria, y entrar en un lugar de uno mismo por el que ya pasamos, o por otro que queríamos evitar. No es fácil estar siempre atentos y, cuando lo estamos, el riesgo de interferencia nos seguirá acompañando. Nunca falta un intruso de nuestra conciencia que actúa sin consultar a los espejos del tiempo y el espacio, sin meterse en el vidrio para conocer otra mirada. No toques el hombro del caballero que pasa, se daría vuelta y sería la noche, una noche sin estrellas sin curva y sin nubes.
¿Entonces qué sería de todo eso que compone el cielo, la luna y su pasaje y el ruido del sol?
Tendrías que esperar que un segundo caballero tan poderoso como el otro consintiera en pasar. (Jules Supervielle) Ocurre entonces que hasta que el segundo caballero pasa, hay resistencia aquí y allá; no es siempre grato caer en la grieta que otro abrió y querer retroceder reptando por un túnel muy estrecho, que sube desde los confines del infierno. La resistencia, en un lado del espejo, es impresión vívida que se estampa en las paredes, se graba en todas las retinas; en el otro, el expresionismo recorre almas solitarias que se animan a caminar este territorio no deseado ni buscado. Una Señora que conozco, observa con cierta deferencia: elige. Siempre un segundo caballero pasa, cae en su propio descuido cuando le tocan el hombro, entra en la grieta, vuelve a moldearlo todo como trabajan las manos que amasan el pan. De la oscuridad a la luz. Del silencio al ruido del sol. El misterio del nacido distraído, que quiere vivir olvidando que vivió. Descubre su asombro, su inocencia. Su necesidad de descanso y sed, las maravillas a las que puso su propio nombre; su omnipotencia germinará sin memoria y un corazón apasionado buscará el futuro sin rastros, sin huellas, para encontrar por fin grietas ajenas, lejanas, las que nadie quería volver a transitar. Sólo caminos quedan, sólo caminos. Como antes los hubo, como los habrá siempre. Quienes se animen a los del misterio serán elegidos. La ingenuidad del hilo de Ariadna no evitará que se caiga en territorios definitivos: Ella, la muerte, espera en un lugar del camino para que se la invite a la mesa. Convivir también con la memoria de lo que vendrá. Caer juntos en olvidos o distracciones. Tal vez se trate de disfrutar ese recorrido no lineal y previsible, sin horizonte; para qué inventar bordes, límites, referencias que jamás conformarán un universo -mucho menos una vida miserable-, sino apenas la ilusión de una cáscara frágil incapaz de proteger lo que está o lo por venir. “Morir de muerte natural o conspirando”, posiblemente sea ese el desafío. Ella buscará los elegidos; aquellos que la vieron en el camino y no hicieron caso omiso a su presencia, les prolongarán la vida. Los otros merecerán el peor de los olvidos: caerán sin memoria en un abismo y vagarán ajenos de sí, en un sitio de la eternidad del que nadie conserva los recuerdos. Es aquí, cuando cree que se asume a sí mismo del principio al fin, que ocurre un nuevo nacimiento. Ya el Pop Wuj cuenta la destrucción de los hombres de barro y de madera, con un aguacero negro que oscureció la faz de la tierra. Siempre esos descuidos a los que hay que permanecer alerta, vigilantes. Porque si es arduo y vano el empeño de modelar el hombre, más lo es modelarlo en sueños por causa de una mera ilusión o el intento de soñarlo despierto. La grieta del sueño es otro universo; real también, mágico además. Se instala, sólo para los elegidos, en un andarivel que se confunde con la vigilia hasta desdibujar los contornos de uno y otra. Es el lugar que sigue a la palabra que lo nombra y a la vez traslada a la realidad las imágenes que genera. Soñar la victoria antes de la batalla, el éxito de las cacerías, la correspondencia del futuro amor. Mucho más que una cábala. Cuentan las escrituras que el primer sueño de Adán fue una mujer, y la encontró a su lado al despertar. Los antiguos kí-ché fueron más lejos: cuatro fueron las mujeres que encontraron al despertar los ancestros, cuando no se había creado aún el sol. El alma del que sueña se aleja de su cuerpo y vaga, cae en insólitas paradojas o busca incansable algo desconocido con un afán que no es humano. Cuanto más distancia recorre, más cuesta armar los retazos de esa geografía que compone un mundo nuevo para que los elegidos la recorran en la vigilia. Pero el hombre, al fin, está. Ha transitado casi todos los caminos. Para los que faltan andar, no es necesario soñar un hombre distinto. Sólo una convicción mesiánica intentará convencer de que ese hombre soñado traerá un estigma, al despertar, del nuevo mundo. Pero el sueño, bueno es recordar, es personal: ¿desde qué lugar, entonces, podría ser soñado un hombre universal? El sueño no es lugar apropiado para la omnipotencia. Pueden soñarse cosas que aparecerán al despertar. No el hombre que traerá un estigma, sino un estigma que alguien tome como propio, lo olvide o deje caer en un instante de distracción. Una palabra, tal vez. Como una chispa. Un fuego que transforme en ruinas los sagrados templos de la vigilia: no logrará quemar a los elegidos o a quienes no vulneraron el misterio, ni tampoco a las ausencias que no pudieron contar su propia resistencia. A pesar de olvidos y descuidos, se pueden elegir el sueño, los mundos, las grietas, los caminos. Encontrar estigmas en cada uno.
El autor
Resistencia (1976 - 1983)
a los que no pudieron escribir su último poema
las palabras no nacen por placer ni crecen para alimentar bestias
están para que las lean los muertos algún amigo este amor una botella de vino y el roble que plantaremos en mayo cuando nazca él
* * *
no hay un solo rincón
uno
donde la lágrima permanezca intacta
limpia
ella
* * *
la ciudad es como un muro con una mancha pegajosa de humedad que crece y una grieta famélica que devora los últimos poemas
* * *
alguien quiere que en los límites negros y lejanos encontremos nuestras huellas
* * *
alguien quiere que el amor sea una rata que camine en las entrañas
* * *
avanzada la noche
en el Casino de Oficiales hay un brindis de honor por la feliz sociedad
detrás de una ventana se marchitan flores y un hombre llora
* * *
insomnio son sórdidos y oscuros laberintos donde no se busca nada donde no hay nada que encontrar ni siquiera sueño
* * *
hoy vivir es olvidar poco a poco las palabras
degradar el yo quiero hasta no puedo
* * *
adónde irá tanta ilusión aniquilada, los náufragos restos de sueños solitarios
qué raíz recogerá la savia de hombres partidos por los dientes de los lobos
* * *
una boca grande perezosa sacude sus mandíbulas
sonido de flauta chorrea entre sus dientes y una lengua negra refrigera los labios recogiendo palabras la risa en su inútil intento de escapar
soledad
* * *
no sé cuántos cerrojos resiste un ser humano
pero
se puede aún resucitar el sol las hojas secas la calidez del fuego
* * *
cuidado nuevos dioses con programar amaneceres
un cadáver no resiste mucho tiempo sus gusanos
* * *
quién podrá quién será capaz de sepultar la memoria
* * *
no sé si prostitución es abrir las piernas o cerrar los ojos
* * *
cuánto tiempo perdido entre las nubes
cuántas alas atrapadas por el barro
cuánto pasto crecido entre los besos
cuánto
cuánto sueño navegando entre pantanos
* * *
los sueños de hoy son pájaros sin cielo
* * *
no sirve que te escondas
te encontraré en cada árbol deshojado en cada gota de lluvia alguna tarde cuando vea una rosa y esté solo
Vulneración del misterio
Gesto
palabras para identificar las cosas
canto para festejarlas.
El animal se hace hombre.
* * *
Volaba tras el sol casi ciego todavía ensangrentado, abandonando el parto oscuridad implacable eterna.
Escapaba tras el sol.
* * *
Mundo, cansancio de sus propios pasos: el extremo más lejano de la tierra es accesible.
Territorio límite buscado ya es pasado. Horizonte lo que deja atrás.
Sólo memoria en cada piedra tocada, cada centímetro que pisa desde el horizonte hasta el extremo más lejano de la tierra.
* * *
Luna, primer descanso.
Imágenes vagas saltos al vacío abrazo que no abraza.
Despertar del sueño primitivo.
* * *
Mar, primer encuentro del andar incierto.
Agua negada para la sed.
Las arenas gastaron aristas: caracoles vacíos contemplan monótono vaivén: sonido que no es canto palabra ni siquiera voz
apenas incierto caminar.
* * *
Sol, efímero. Luna, volátil. Existen con ellos idea de su fin.
Se abren puertas no deseadas.
Así como la lluvia no moja ausentes, tampoco hay lugar para miradas inciertas: voz canto pueden extenderse buscar un horizonte propio a la altura de los ojos.
El fin no es fugacidad del día no vivido.
Una muerte no es lo que queda por venir.
* * *
Quien caminó extensiones descubrió formas, gestos, palabras, dones de la naturaleza: primitivos saberes, pequeña geografía de su mente
quien habló, cantó alimentó su alma en oscura soledad, el de sueños precarios abandonado frente al mar, iluminado por estrellas, conoció su propia sombra.
Ese hombre invocó la luz.
Edificó una pirámide de fe.
Construyó dentro suyo otro hombre.
* * *
Sol y luna, fundadores de amor y desencuentro (romance de amantes furtivos, eluden audiencias y testigos).
En esta tierra brotan montañas, bosques, acantilados, lagos, pantanos, volcanes, caminos interminables los unen.
El errante recorre vigila nacimientos mutaciones.
Sospecha bajo sus pies la humanidad que vendrá.
* * *
Mirada del hombre, su ademán palabra y canto.
Inmensidad para uno solo.
Extraña lo que sería arrullo de agua entre piedras, lluvia que rebota en árboles y cae sonrisa: abrevar del misterio, celebración de vida.
Inmensidad hace nacer una mujer
horizonte y cántaro vuelo de sueños y sonrisas lluvia fresca
espejo
horizonte para gozar su caminar.
* * *
Más allá no es aburrido territorio para dejar atrás.
Palabra es búsqueda: habita los pasos tienen eco en pasos de otro.
La noche sueña, el abrazo abraza.
Despertar es renacer.
* * *
Amparo: mirada de hombre y mujer.
Mundo, línea divisoria: lo que queda atrás, lo por andar.
* * *
Dice la sombra del otro secreto de límites y sueños.
Gotas de lluvia en otro rostro, las mismas sobre el que mira.
Uno y otro pueden germinar.
Uno
con otro.
* * *
Nuevo parto: luz hacia la luz.
Parto sin oscuridad ni culpa o pecado original, breva que revienta miel impregnando el aire.
Sol observa con envidia nuevas propiedades de la luz; noche se alivia cuando buscan su cobijo.
El nacido crece de flor a fruto, aprenderá primeros pasos, saltará de rama en rama.
Será hombre hará el amor germinará otra vez
desde luz hacia la luz.
* * *
Montañas: no acumulan sólo viento arena soledad.
Llanuras y desiertos no extravían su aliento.
Las estrellas no coquetean en espejos.
Ante sí la humanidad que los contiene.
* * *
Cuando todo estuvo creado, el hombre se permitió ser niño.
* * *
De una estación a otra, vale la astucia
el fuego crea figuras irrepetibles se desvanecen resurgen en el rescoldo
corazón apasionado
late el futuro.
* * *
El hombre
dejó de ser hombre.
No creció a tiempo como montañas árboles o ríos.
Guardó su estatura, limitó horizontes.
Olvidó caminos por garras de otros hombres que también descarnaron el aire, agua, lo que no es humano pero estaba para que el hombre viva.
El hombre abandonó recuerdos de otro hombre dentro suyo, una futura humanidad bajo sus pies: cántaro para abrevar en misterios de corazón apasionado, donde alguna vez latió la vida.
El hombre primigenio antiguo, vigilante de su propio crecimiento, recordó lo efímero de miradas ausentes, fugacidad de sol y luna, invocación de la muerte ante un día no vivido.
El hombre
ese hombre
no tuvo gesto ni palabra
sólo miedo de su mundo.
* * *
El mundo, apacible esfera de monótonos rituales: solsticios y equinoccios.
Se llenó de risas y voces, conoció llanto, esperanza, hambre en diferentes lenguas, injustos juicios de valor, justos enjuiciados por defender banderas; monótonos rituales: maravillas y miserias.
El mundo extrañó los pasos del primer hombre que dejó su silencio; gemido de la primer mujer, su propia identidad; risa del primer niño, cosquillas en sus entrañas hasta contagiarlo de inocencia.
El mundo sintió cansancio.
Con monótonos rituales volvió a su quietud recuperó soledad olvidó la risa.
Nunca más una esfera apacible.
* * *
Cada camino es ajeno a todos los caminos: conduce al horizonte, al propio desierto; cada ripio un rincón de uno mismo y el espejo polvo suspendido fugazmente tras cada paso.
Camino, ajeno a todo rastro de fracaso o abandono.
Sólo camino: desierto horizonte tiempo; mucho tiempo para encontrar respuestas en una ínfima partícula de polvo antes de regresar al misterio o posar definitivamente perdida a un costado del camino.
Los elegidos
horizonte: atrapa a todo caminante
los pasos
hilo de Ariadna para que la muerte los siga
* * *
lo que queda atrás marca contornos espera paciente las visitas
puertas de acceso a los abismos
* * *
Bordes, siempre bordes como límites.
A veces límites.
Pero
no más que bordes.
* * *
se vuelve
reencuentro inevitable inconsulto de la memoria con antiguos futuros en sitios antes transitados
ahora Ella es testigo y no se oculta
* * *
sí, se vuelve
nadie deja a una amiga en soledad
su oficio olvidado conserva la dignidad incólume
Ella
sabe que se vuelve
* * *
observa
rostros espanto o carcajada balances sin memoria un trámite legal
nadie cree en el fiel de las balanzas
la hora de las horas no tiene aviso ni citación
sólo para algunos hay tiempo de espera
* * *
Miedo inventa bordes.
Ansiedad disfraza bordes.
El tiempo real carece de bordes.
* * *
oh, dolores penas pasiones
oh el ego, olvida otro también juega
Ella postergó asuntos contemplando dolores penas pasiones
el juego requiere quién gane o pierda
* * *
antiguos argumentos
puerta que nadie se atreve cruzar
se buscan pestes accidentes crímenes olvidos, meras excusas
Ella está en otra parte
espera
solitarios que se animen a su umbral
* * *
Límites...
Abismo lejano ajeno.
Cima si se pudiera dominar la conciencia
lo posible.
* * *
frío
caricia
modo del abrazo
forma torpe de iniciar el diálogo
gesto de amor
* * *
renacer
liviandad de palabras y sentidos
* * *
Ella vaga enamorada de la vida
lleva a su cena sólo desesperados huérfanos de amor
Ella también intenta escapar de su destino
* * *
Voz.
Imagen.
Melodía.
¿Borde o límite?
* * *
guarda en catacumbas de su memoria todas las fotos familiares
sabe cuáles son balance inventario o mero trámite legal que conserve el apellido
para todos habrá un modo
la hora adecuada
* * *
es implacable
no dura ni impiadosa su corazón, un pan recién horneado
el libro diario las últimas palabras lo definitivo: vanas despedidas
Ella decide la redención del tiempo
aguarda
* * *
Bordes
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