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Este trabajo fue publicado en una colección de 24 fascículos entregados semanalmente con el diario La Capital, de Rosario (1999), colección que llevó el título de Historias de nuestra región, y de la cual Reynaldo Uribe tuvo a su cargo, además, la Coordinación Técnica de la serie. El proyecto original fue convocado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe y se denominó Historia Cultural de la Provincia de Santa Fe.

 

 

 

PERSONAJES DEL SIGLO XX

 

por Reynaldo H. Uribe

 

Sería imposible mencionar en este trabajo a todos los hombres y mujeres que contribuyeron –desde diferentes disciplinas- a consolidar y engrandecer la provincia de Santa Fe a lo largo del siglo XX. Aun para su sola enumeración se necesitarían muchas más páginas de las que aquí disponemos.

Es justo pensar, además, en aquellas personas que, sin ser nativas de esta provincia, dieron aquí lo mejor de su obra y de su vida, o los santafesinos que, orgullosos de su origen, se destacaron en otras tierras más pródigas para su quehacer.

Por ello este trabajo es necesariamente incompleto, y pretende apenas hablar de un puñado de personas que, sin ser la únicas, han dado lo mejor de sí –sobre todo como seres humanos- para que, a las puertas de un nuevo siglo, no sólo los hagamos conocer o recordemos sus esfuerzos por los demás, sino también que sus principios nos sirvan como ejemplo en los años por venir.

 

Historiadores de la provincia

 

La provincia de Santa Fe ha tenido la suerte de haber contado con numerosos historiadores, gracias a los cuales no sólo podemos conocer nuestro pasado, sino que a través de los años muchos de ellos han salvaguardado importantes documentos y testimonios escritos y fotográficos.

Podemos mencionar, de entre una extensa lista, a Ramón Lassaga, nacido en 1858, autor de una importante obra que incluye, entre otros libros: Historia de López (escrita a los veintitrés años), Tradiciones y recuerdos históricos, Historia de Santa Fe, El Cabildo de las Convenciones, La provincia de Santa Fe en el 1º centenario de la Independencia Argentina, etc.

Fue, además de profesor de Historia Argentina, vocal del Consejo General de Educación, Diputado Nacional y Fiscal en la Justicia federal, y falleció en 1921.

Manuel María Cervera, nacido en 1863 en Dolores y radicado luego en Santa Fe, fue el fundador del Centro de Estudios Históricos, que luego fue la Junta Promotora de Estudios Históricos de Santa Fe. Su libro más importante es Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, de 1907, siendo autor además de Poblaciones y curatos y una gran cantidad de trabajos publicados en diversas revistas.

El Dr. José Luis Busaniche nació en Santa Fe en 1892. Prolífico autor, fue además traductor de los libros de los viajeros extranjeros que escribieron sobre nuestra región y el país: Lina Beck Bernard, los hermanos Robertson, Lauchian Bellingham Mackinson, Thomas Wooddbine Hinchliff, etc. Entre sus obras caben destacarse Estanislao López y el federalismo del litoral, Santa Fe y el Uruguay, Formación histórica del Pacto federal y su obra póstuma, Historia Argentina, es uno de los trabajos más destacados escritos sobre el tema. Falleció en 1965, mientras estaba escribiendo la última página de este libro. Su sobrino, José Carmelo Busaniche, también desplegó una incesante tarea. Había nacido en la ciudad capital en 1910, y desde 1932, en que se inició como Auxiliar del Ministerio de Instrucción Pública y Fomento de la provincia, ocupó varios cargos públicos y en forma paralela se desempeñó como docente en la enseñanza secundaria, superior y universitaria. Es numerosa su bibliografía, destacándose su serie Hombres y hechos de Santa Fe, que incluyó cuatro volúmenes entre 1956 y 1979, este último publicado un año después de su muerte, a instancias de su gran amigo, el escritor Gastón Gori, que fuera el compilador y prologuista de la obra.

El mismo Gastón Gori tiene publicada una importante obra sobre la temática de la colonización santafesina. Nacido en 1915, es unánimemente reconocida su trayectoria como escritor, siendo su libro La Forestal. La tragedia del Quebracho Colorado base de posteriores investigaciones sobre la explotación del quebracho en la zona norte de la provincia.

Uno de los más destacados historiadores santafesinos fue Agustín Zapata Gollán, nacido el 23 de noviembre de 1895. Doctor en Derecho y Ciencias Sociales, asume en 1940 la Dirección del Departamento de Estudios Etnográficos, creado ese año durante la gobernación del Dr. Manuel de Iriondo. Gracias a su tesonero esfuerzo, en 1949 localiza las ruinas de Santa Fe la Vieja en Cayastá, siguiendo la tesis del Dr. Manuel María Cervera. A partir de entonces, comenzó la ardua tarea de sacar a la luz cimientos de edificios, objetos, restos humanos, y la posterior interpretación de los hallazgos, que darían cuenta de la vida y costumbres de los primitivos pobladores. Trabajó hasta su muerte, ocurrida el 11 de octubre de 1986, en el citado Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales. Además publicó casi cien trabajos en libros y revistas, fundó el Centro de Estudios Hispanoamericanos, y se dedicó además a la pintura al óleo y al grabado, aprendiendo esta técnica de su amigo, el maestro triestino Sergio Sergi.

Nacido en Rosario en 1857 y fallecido en 1954, Calixto Lassaga publicó en el diario La Capital Estudio sobre los orígenes de Rosario, La bandera argentina y otros, que compilara en una obra publicada en 1948, con trabajos acerca de la ciudad: Libro de oro en el 90º aniversario de su nacimiento.

Augusto Fernández Díaz, ingeniero civil nacido en 1885 en Rosario, publicó una buena cantidad de libros sobre la historia de su ciudad y la región: Rosario desde lo más remoto de su historia, Las tierras de los calchines en la ubicación de Santa Fe la Vieja, y otras. Falleció en 1980.

El Dr. Francisco Cignoli, autor de Historia de la farmacia argentina y una importante serie de trabajos sobre esa especialidad, nació en 1898 y falleció en 1991. Fue director de la Biblioteca Argentina Dr. Juan Alvarez y reconocido como "ciudadano ilustre" de Rosario.

Sin duda es fuerte aún la figura de Juan Alvarez, quien, nacido en Gualeguaychú (Entre Ríos), se radicara en Rosario, previo paso por Buenos Aires, donde obtuviera el título de abogado. Ocupó varios cargos públicos y fue miembro de las Academias de Letras, de Historia, y de Derecho y Ciencias Sociales. Tiene obras de consulta inevitables: desde Ensayo sobre la historia de Santa Fe, de 1909, hasta Historia de Rosario, 1689-1939, pasando por su Estudio sobre las guerras civiles argentinas, El problema de Buenos Aires en la República Argentina y otros libros, que muestran la solidez de sus conocimientos y documentación, y su preocupación constante por la defensa de la economía regional, avasallada por el poder centralizador de Buenos Aires. Su Historia de Rosario, recientemente reeditada por la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario y la U. N. R., es tal vez la obra más completa sobre ese período editada hasta el momento.

Alvarez colaboró en 1910 con Cornelio Casablanca en la fundación del Hospìtal Centenario, pero lo que los rosarinos no olvidarán jamás fue su actuación en la creación de la Biblioteca Argentina, que lleva hoy su nombre. Presentó en 1909 al entonces intendente, Isidro Quiroga, el proyecto para una Biblioteca Pública que, además de funcionar como tal, fuera también un centro de investigaciones, futuro germen de una Universidad Nacional para Rosario. Al año siguiente se aprueba el proyecto y abre sus puertas el 27 de mayo de 1912, inaugurándola oficialmente dos meses después el Dr. Joaquín V. Gonzalez. Su primer bibliotecario y estrecho colaborador fue el Dr. Alfredo Lovell, doctorado en Filosofía en España. Esta verdadera obra realizada en pro de los ciudadanos rosarinos, que se habilitara con 9.423 libros catalogados, llega hoy a la cifra de 170.000, más una hemeroteca que contiene verdaderas reliquias.

El Dr. Juan Alvarez nació en 1878 y murió en 1954.

Quien guarda hoy la memoria histórica de la ciudad de Rosario, es Wladimir Carlos Mikielevich. Nacido en esta ciudad el 28 de marzo de 1904, realizó estudios de Historia y Estadísticas. Fundó y dirigió revistas, publicó innumerable cantidad de trabajos en La Capital, Rosario, Tribuna y otros medios.

En 1961 estuvo recopilando documentos sobre la fundación de Rosario en la Academis de Indias, de Sevilla. En 1962 fundó la Sociedad de Historia de Rosario, y en mayo de 1963 apareció el primer número de la Revista de Historia de Rosario, verdadera joya de la que se editaron 40 volúmenes bajo su dirección.

Actualmente posee en su casa una biblioteca con alrededor de 20.000 ejemplares, y un archivo único de documentos y fotografías. El gran misterio es el destinatario final de este capital que, aseguran, ya fue legado pero no se sabe a quién.

 

Educación

 

Larga sería la lista de docentes que, en todos los niveles de la enseñanza, dejaron su huella innovadora no sólo en los alumnos sino en el sistema educativo mismo.

Eudoro Díaz fundó en Rosario la Biblioteca Pedagógica en 1891 (hoy funciona en el edificio de la ex-Biblioteca Vigil y lleva su nombre) y creó la "Revista Escolar". Pese a su prematura muerte (38 años), abre el presente siglo con estas dos obras pioneras.

Domingo G. Silva, nacido en San José del Rincón en 1859, fundó una escuela para adultos en Santa Rosa de Calchines, cuando sólo tenía dieciséis años. A pesar de haber ido sólo unos meses a la escuela, fue luego rector del Colegio Nacional de Santa Fe, profesor de la Facultad de Derecho de la U. N. L., y durante su gestión en la presidencia del Consejo de Educación se incorporaron las escuelas técnicas y de taller a la enseñanza provincial, antes de que lo hiciera la Nación. Fundó los periódicos Unión Provincial, El Heraldo y El Santafesino. Falleció en Santa Fe en 1915.

Juana Elena Blanco, nacida en 1863 y fallecida en 1925, perteneció a la primera promoción de maestras egresadas de la Escuela Normal de Rosario. Orientando su vocación profesional hacia los niños de menores recursos, no sólo dictaba sus clases sino que también se hacía cargo de su alimentación. En 1912 inaugura su primer escuela en la calle Pasco, gracias a donaciones que obtiene de la ciudadanía. Además de los cursos regulares, en ella se enseñaban diversos oficios a los alumnos de ambos sexos (imprenta, costura, carpintería, tejidos, música), por entender que en la lucha por la subsistencia no basta la alfabetización sino que además se necesita del trabajo, brindando por ello los conocimientos en un amplio abanico de oficios.

Funda una nueva escuela en 1917, el Hogar del Niño, en la esquina de Uruguay y Entre Ríos. En 1920 concreta otro proyecto, más ambicioso aún: un hogar granja en la ciudad de Carcarañá, que alberga a niños de escolaridad primaria, atendiéndose todas sus necesidades y ejercitándolos en el manejo de las tareas propias de la granja. Este establecimiento es sostenido por una sociedad fundada por la misma Juana Elena Blanco, la Sociedad Protectora de la Infancia y la Adolescencia (ex Sociedad Protectora de la Infancia Desvalida). Si bien reciben ayuda de Empresas de Carcarañá, que ven los frutos de la obra, muy poco es lo que a nivel gubernamental se aporta para el sostenimiento de este espacio que, a diferencia de otras instituciones similares, devuelve a la sociedad jóvenes educados en el esfuerzo del trabajo y la solidaridad.

En 1939 hace su aparición en Rosario un italiano, nacido en 1875 en Turín y emigrado de su país por no adherir a los principios del fascismo. Por gestiones del decano de la Facultad de Ingeniería, el Ing. Cortés Plá, se hace cargo de la dirección del Instituto de Matemáticas el Doctor en Ciencias Matemáticas Beppo Teodato Levi, quien da un giro importantísimo a la forma de enseñanza de la disciplina de su especialidad. Docente, investigador, autor de Leyendo a Euclides (1947) y fundador de la primera revista sobre matemáticas del país, "Mathematicae Notae", hizo aportes fundamentales al estudio de las cuerdas en las curvas algebraicas, a los conocimientos sobre las derivadas y las integrales, dejando tres teoremas de su autoría sobre los puntos angulares de una función continua y demostrando que el límite de la integral es la integral del límite. Murió en 1961 dejando los aportes de su saber no sólo a sus alumnos sino a la comunidad científica internacional, que en 1956 le otorgó el premio "Antonio Feltrinelli" por intermedio de los académicos italianos.

Ya conocía la provincia de Santa Fe el aporte de pensadores italianos. En 1911 llega a la ciudad capital el Dr. Joaquín Frengerelli, quien había nacido en Roma en 1883. Si bien había cursado la carrera de medicina, estaba interesado en las ciencias naturales. Así, edita en 1922 el libro Estructura e historia geológica del subsuelo santafesino, y en 1925 Loess y limos pampeanos. Ejerció la docencia en la Universidad Nacional del Litoral y fundó (aunque sin éxito) el Museo de Historia Natural. Fue uno de los fundadores de la Sociedad Científica de Santa Fe. Se trasladó luego a La Plata, y falleció en 1958.

Victoria Olga Cossettini, la "señorita Olga", nació en agosto de 1918 en Rafaela, ciudad en la que trabajó después de ejercer la docencia en Sunchales. Fue maestra primero y regente después en la escuela "Domingo de Oro", y en forma conjunta con la directora Amanda Arias, otras maestras y su hermana, Leticia Cossettini, elaboró un documento para presentar en el Primer Congreso Pedagógico de Escuelas Normales Provinciales desarrollado en Coronda en 1933. Sus propuestas innovadoras fueron apreciadas en el Congreso, siendo reconocidas por el propio Ministro de Educación de la Provincia, el Prof. Juan Mantovani, pero no por los cenáculos de poder de Rafaela. Por lo tanto, las hermanas Cossettini viajan a Rosario en 1935 para ejercer en la Escuela Carrasco, en la que a lo largo de 15 años desarrollan un proyecto educativo piloto que, de alguna manera, revolucionó la pedagogía de entonces.

No se consideraba la enseñanza como una actividad lineal aferrada a un programa, sino como un proceso en el cual no sólo participaban los alumnos, sino también los padres y los vecinos. Y el ámbito de aplicación no se circunscribía al edificio escolar, sino que se extendía al resto de la ciudad. Los alumnos eran verdaderos partícipes de su propia educación, asumiendo responsabilidades en tareas de granja, elaboración de dulces, armado y edición de una revista, construcción de los títeres para el grupo, talleres de encuadernación, de telar, de cerámica, de artesanías, coro de niños que representaban el canto de las distintas variedades de pájaros, biblioteca, laboratorio. El respeto hacia el alumno no era declamado, en la "Escuela Serena" se escuchaban sus sugerencias y aportes para ponerlos en práctica. Se realizaban jornadas de divulgación en las plazas para que los vecinos conocieran su labor, y allí se trasladaban con los elementos: mesas, microscopios, todos sus trabajos.

El Dr. Raúl Capella, Ministro de Educación en 1950, será recordado por la cobarde decisión de dejar cesante a Olga Cossettini. La ideología que transmitía la docente no estaba basada en los principios de la obsecuencia al poder.

Rosa Weischelbaum de Ziperovich, "Rosita", dedicó su vida a la actividad docente, y también a la defensa de la escuela pública, de los derechos humanos y la actividad gremial. Nació en la localidad de Moisés Ville, y se graduó de maestra en Rafaela en 1930, donde compartió momentos inolvidables con Amanda Arias y Olga Cossettini. Dueña de un optimismo y una capacidad de trabajo admirables, ha sido perseguida y cesanteada por entender que la escuela es parte activa de la sociedad y debe formar hombres compenetrados con los problemas de su tiempo. Sin embargo, supo sobrellevar estas adversidades.

En 1937 fue denunciada por el director de la Escuela 286 de la localidad de Monje, por leer a sus alumnos literatura "subversiva": la Historia de los ferrocarriles argentinos, de Scalabrini Ortiz, o Huasipungo, de Jorge Icaza. Después de esta primer cesantía sufre otra en 1950 y es reintegrada recién en 1956, ganando al poco tiempo un concurso que le permite acceder al cargo de supervisora. Desde este lugar se esforzó por mejorar la calidad de la enseñanza, atendiendo prioritariamente la deserción escolar y la problemática particular de cada establecimiento, en una tarea de contacto permanente con grupos de docentes de cada escuela.

Dio también un gran impulso a las matemáticas. Publicó en 1969 Enseñanza moderna de matemáticas, y luego Matemática Moderna, guiada por el convencimiento de que esta rama del conocimiento era fundamental para abrir la mente de sus alumnos en todos los campos de su actividad.

Docente de docentes, su actividad gremial se desplegó a todo lo largo de su vida. Sus charlas y conferencias pedagógicas se recuerdan tanto como sus participaciones en las asambleas del gremio, en el que nunca dejó de militar. Falleció el 15 de noviembre de 1995, a los 85 años, y ojalá su ejemplo de ética, coherencia y empuje, contagie a las generaciones de docentes por venir.

 

Médicos inolvidables

 

Elijo a Elías Castelnuovo (escritor uruguayo radicado en Buenos Aires –donde vivió hasta su muerte-, uno de los fundadores del movimiento de Boedo) para recordar aspectos poco conocidos del Dr. Lelio Zeno.

Sabemos que fue un destacado cirujano, fundador del Sanatorio Británico de Rosario. La amistad entre Zeno y Castelnuovo se inició en Buenos Aires y, a instancias del primero, estuvieron un tiempo viviendo en una isla del Delta, en la desembocadura del Parana Miní, donde ejercían la medicina entre isleños en un rancho alquilado a un español. Zeno se desempeñaba allí como médico, cirujano, partero y odontólogo, siendo su trabajo remunerado con frutas o verduras sin que por ello se descuidara la atención de los enfermos. “No hay que sobreestimar la profesión médica –decía Zeno-. Un Cirujano no es un personaje de cinematógrafo. Es un trabajador como cualquier otro que hace todo lo que hacen los que trabajan. Cose como una costurera, corta como un sastre, serrucha como un carpintero y maneja las pinzas y el torniquete como un alambrador”.

Por sus relaciones con el profesor Sergio Iudin, director del Instituto Sklifosovsky (el establecimiento de cirugía de urgencia más importante de Moscú), fue invitado a Rusia, a donde viajó acompañado por el profesor Federico Nicolai, un médico alemán discípulo de Pavlov que residía en Rosario. El Dr. Zeno fue incorporado a la planta del Instituto, donde no sólo tuvo a su cargo la jefatura de un pabellón del nosocomio, sino además la creación y dirección de un centro de cirugía que revolucionó la traumatología en la Unión Soviética, suplantando los métodos lentos y sedentarios de curación estática de los accidentados por métodos rápidos y ambulatorios.

El instrumental quirúrgico que utilizó el Dr. Lelio Zeno figura en el museo privado del Instituto Sklifosovsky y el servicio que él dirigió lleva su nombre.

Otro médico que merece ser rescatado del olvido es el Dr. Pablo Emilio Pizarro Crespo. A pesar de su prematuro fallecimiento (39 años) tuvo una vida intensa de dedicación plena a su profesión y a la sociedad. Se graduó en Córdoba a los 21 años y, luego de desempeñarse como médico rural durante seis años, se radicó en Rosario destacándose en el campo de la psiquiatría y la psicoterapia médica.

Su tarea hospitalaria (que ejercía en el Hospital Español) lo llevaba a dedicar un promedio de cinco horas diarias a la investigación en el gabinete clínico. Profundamente abierto e interiorizado de las principales corrientes del pensamiento (Freud, Kretschmer, Jung, Adler, Künkel, etc.), desarrolló durante seis años un proyecto de investigación con el Dr. Lelio Zeno, en el que la combinación de las experiencias de cada uno en los campos de la psicología y la cirugía, permitió enfocar el problema médico desde una visión integradora que, distanciándose de la vieja óptica que separaba cuerpo y alma de las personas, abordaba al paciente considerando lo orgánico y lo psíquico como partes interactuantes e indivisibles. Esta tarea dio sus frutos y permitió efectuar, apoyándose en esta idea, los tratamientos de quemaduras, fracturas óseas o infecciones, considerando los aspectos psicosomáticos del individuo, donde pudieron comprobar la influencia que una deformidad podía tener sobre el comportamiento de la personalidad, y la incidencia de ésta última sobre la expresión clínica como factor concausal.

Su profunda dedicación a la profesión no le privó de un carácter festivo y al mismo tiempo de una profunda sensibilidad social, que lo llevó a viajar a España en 1937, para poner sus servicios médicos a disposición de una causa que creyó noble, desilusionándose luego de lo que significó una guerra internacional bajo la apariencia de una guerra civil.

Son recordadas también sus largas reuniones con poetas, periodistas y plásticos, conservándose tres retratos realizados por Julio Vanzo, Antonio Berni y Hermenegildo Gianzone.

Pizarro escribió ensayos periodísticos y libros, entre los que pueden destacarse: El siglo del enciclopedismo y la poesía en Francia, diario “La Acción” de Rosario, junio de 1927; Al Doctor Jorge Nicolai, soneto, en “Sociedad de Publicaciones El Inca”, 1927; La proyección pirandeliana en la estética teatral del momento, diario “Democracia” de Rosario, febrero de 1928; Manifiesto a la Federación Universitaria de Rosario, en revista del Centro de Estudiantes de Medicina, 1928; La falsificación de la cultura por el profesionalismo, en “La Capital” de Rosario, noviembre de 1929; La “Psicofobia” médica y su peligrosidad social, apartado de la revista “El Ateneo”, Rosario, 1934; Personalidad y enfermedad, en la “Semana Médica”, Buenos Aires, 1943, y Afirmación gaucha. Resurrección nacional, Ed. La Facultad, Buenos Aires, 1943.

Nacido en Rosario el 21 de marzo de 1981, el Doctor Juan Lazarte fue un ferviente defensor de la Reforma Universitaria de 1918, lo que marcó en su vida un camino de defensa de la ciencia, la libertad de pensamiento y la justicia.

Doctor en Medicina y en Ciencias Naturales, se radicó en San Jenaro, donde ejerció su profesión sin discriminar la condición social de sus pacientes, a quienes nunca faltó además una palabra de apoyo.

Fue un gran colaborador de la Escuela Popular Sarmiento, fundada y dirigida por su gran amigo Alberto Maritano, contribuyendo a la actualización pedagógica de la misma.

Mencionar algunos de sus libros es, de alguna manera, dar cuenta de sus inquietudes y de los temas que atraían su atención: La Reforma Universitaria; Lisandro de la Torre; Comunidad y Libertad; La crisis mundial del capitalismo; La locura de la guerra en América, prologado por Jorge F. Nicolai; El contralor de los nacimientos; La revolución sexual de nuestro tiempo, reeditado luego en México y en España; Problemas de Medicina Social; Sociología de la prostitución, en el que enfoca a la mujer como emergente económico y no desde una moralina condenatoria e inquisidora, alejada de la realidad.

La actuación pública de Lazarte habla del reconocimiento a sus méritos intelectuales: fue profesor de la Universidad Nacional del Litoral, director del Instituto de Ciencias Sociales y Políticas, director de la revista de la Confederación Médica Argentina y luego director de publicaciones de dicha institución.

Pero es verdaderamente notable que un intelectual de su jerarquía no se olvidara de la sociedad que lo sustenta. San Jenaro ha tenido la suerte y el orgullo de haber contado entre sus pobladores con un médico atento al ser humano antes que al paciente, y al paciente antes que a sus recursos económicos. En muchos pueblos de la provincia de Santa Fe hubo y hay todavía médicos que defienden estos principios. Pero la riqueza de pensamiento del Dr. Juan Lazarte y su profundo compromiso con la sociedad de su tiempo, hacen que su recuerdo permanezca inviolable.

 

Arquitectos e ingenieros

 

Nacido en el año 1864, el ingeniero civil Ramón Araya desarrolló una fecunda labor innovadora en el ejercicio de su profesión.

Fue el principal mentor de la unión de sus colegas en una institución que dignificara el trabajo de los profesionales frente a la sociedad, fundando el Centro de Ingenieros, Arquitectos y Agrimensores Titulares de Rosario, el 26 de julio de 1918.

Como presidente del Centro inició las gestiones para que se reglamentara el ejercicio de la profesión, jerarquizando los títulos otorgados por los institutos superiores y definiendo el alcance de los mismos. Así, entregó al gobernador Lehmann el proyecto de ley en mayo de 1991, proyecto que recién pudo concretarse en 1930, dos años después de su muerte. La Ley 2429, en su homenaje, fue conocida como la “Ley Araya”.

Escribió libros como Los altos alquileres y la política y La contribución del afirmado ante la economía política, la jurisprudencia y la ingeniería, anticipándose a la resolución de problemas legales, administrativos y técnicos que enfrentaría el municipio con su posterior crecimiento.

Su obra más importante, Pavimentos y municipios, de 1919, no sólo describe cuestiones técnicas a lo largo de sus 400 páginas, sino que realiza una defensa de los intereses de los frentistas, avasallados por el autoritarismo de la Municipalidad, de la que dice: “No había leones de mármol entonces en la portada del Palacio Municipal de Rosario y la entrada era menos terrible: los de ahora están ahitos de los despojos de ciudadanos confiscados”.

Viajó a Estados Unidos y a Francia, recogiendo experiencias sobre legislación municipal.

Fue en dos oportunidades Director de Obras Públicas de Rosario, realizándose importantes obras para la época en plazas, calles y edificios públicos, y luego Diputado Provincial. Desde este puesto luchó intensamente por defender el comercio de Rosario de la competencia porteña.

En 1923 fue elegido presidente de la “Comisión Popular Pro-Monumento a la Bandera”, que intentó materializar el proyecto de la escultora Lola Mora, contratada en 1909 por el Gobierno Nacional, y del que se tenía noticias que en distintos lugares de Italia estaban sus esculturas ya listas para ser traídas a Rosario. La realidad fue que las obras estaban inconclusas y se rescindió el contrato con Lola Mora.

El 6 de julio de 1900, en un establecimiento rural de la localidad de El Trébol, nació Ermete De Lorenzi. Egresado de la Escuela Industrial de la Nación de Rosario en 1918, guardó siempre cálidos recuerdos de sus profesores Franco, Sugasti, Riquelme, Arocena, Fraquelli, Castro. Se inscribió luego en la Universidad de Buenos Aires para estudiar Ingeniería Industrial, y después de cuatro años de cursar dicha carrera se inscribe en la Facultad  de Arquitectura. En 1927, la Sociedad Central de Arquitectos le entregó el premio “Manuel Belgrano”, en mérito a haber obtenido el mejor promedio de calificaciones.

Radicado en Rosario, comienza una fecunda tarea que dejaría su impronta hasta nuestros días, innovando la arquitectura de la ciudad y trascendiendo la misma por su significado.

Su obra más importante fue sin dudas el edificio para la compañía de seguros “La Comercial de Rosario”, de Córdoba y Bv. Oroño, una de las mejores expresiones de la arquitectura moderna en la ciudad. Son realizaciones suyas, además, el Sanatorio Británico, el Sanatorio Plaza, el edificio de Chaina y Cía (Córdoba 3050), el edificio Gilardoni (Rioja y Bv. Oroño), edificios para oficinas, casas de familia como la de Córdoba y Moreno (construida para sus padres), sin contar las obras concretadas en Buenos Aires.

Ha escrito varios libros y fue docente de la Universidad Nacional del Litoral y de la de Buenos Aires. En esa ciudad creó la Facultad de Arquitectura y Urbanismo siendo su primer Decano, organizó la Facultad de Ciencias Exactas, dividiéndola en las Facultades de Ciencias Exactas y Naturales y la de Ingeniería, creó la carrera de Ingeniería Naval y Mecánica y la de Ingeniería Radiotécnica.

Se desempeñó como Director de Obras Públicas en la provincia de Santa Fe, miembro de la Comisión Municipal de Cultura, uno de los fundadores del “Foto Club de Rosario”, la “Cultural Lírica” y el Centro de la Tradición “El Hornero”.

Escribió también libros sobre música, como Armonía geométrica como mero sistema en la composición musical, o Teoría, armonía y composición. Compuso canciones como “Cantar indígena” (dedicado a su hija Mirka, la “indiecita rubia”) y “Tres danzas rituales indígenas”.

Fue también pintor, escultor y dibujante.

Fue, por sobre todas las cosas, un hombre íntegro que hizo todo lo posible no sólo por compartir sus conocimientos con los demás, sino un permanente generador de proyectos en beneficio de la sociedad que lo recordará siempre, además de cómo arquitecto, como persona cabal.

 

El ámbito político

 

Aunque corta fue su estancia en Rosario, es bueno recordar al primer fusilado por la represión policial: Joaquín Penina. Nacido en Gironella, España, arribó al país a los 23 años como tantos otros que buscaban en estas tierras un futuro más promisorio. Debido a sus convicciones anarquistas, y con alguna experiencia de militancia en su suelo natal, se adhirió a la F.O.R.A. de Rosario. Fenno Boschi, un amigo de Penina también obrero de la construcción, lo recuerda de esta manera: "Hombre serio, respetuoso, inteligente, estudioso, de una moral intachable y activo luchador de nuestro gremio". Guardaba parte de su salario para pagar los libros que encargaba a editoriales de España y Buenos Aires, y para conseguir la suma necesaria que permitiera traer a sus padres desde Gironella. Era éste su objetivo, que se había propuesto cumplir para luego pensar en formar su propio hogar. Cuentan sus amigos que se negaba a usar armas, alegando que "otros necesitan armas. Yo no puedo usar arma alguna; me basta con mis libros..."

A las 6 de la mañana del día 9 de setiembre de 1930, después de destrozar todo lo que encontraron en la habitación de calle Salta 1581, tres policías se llevaron a Joaquín Penina y a Victorio Constantini, su compañero de pieza. Por directa responsabilidad del Jefe de Policía, teniente coronel Rodolfo Lebrero; el jefe de investigaciones, Félix V. De la Fuente; el jefe de orden social, Marcelino Calambé; el mayor Carlos Ricchieri; el capitán Luis Sarmiento y el comisario Angel Benavídez, Joaquín Penina fue asesinado la noche del 11 de setiembre de 1930 junto al puente viejo del Saladillo, camino a Pueblo Nuevo. Su delito fue haber declarado: "Soy anarquista porque amo a la humanidad y a mis semejantes. Aspiro a una sociedad mejor organizada y tengo mis ideas, como usted puede tener las suyas". Tenía apenas 29 años.

En diciembre de 1868 nacía en Rosario Lisandro de la Torre. Después de cursar sus estudios secundarios en el Colegio Nacional Nº 1, sigue la carrera de abogacía en Buenos Aires, recibiéndose a los 20 años.

Comienza a militar en la Unión Cívica, hasta que en 1908 promueve la formación de la Liga del Sur para representar los intereses de Rosario y esta parte de la provincia, relegada por la ciudad capital. Proponen sin éxito medidas para modificar esta relación, como el cambio del sistema electoral -que incluyera la representación de las minorías y el voto de los extranjeros- y la descentralización a través de los municipios. La Liga del Sur lleva en 1911 a de la Torre a la diputación nacional.

El marco de agotamiento de los viejos partidos acuerdistas y los debates internos de los nuevos, como la Unión Cívica Radical y el Partido Socialista, no permitía un ejercicio pleno de la democracia. De la Torre se propone formar un nuevo partido, de proyección nacional, fundándose en diciembre de 1914 el Partido Demócrata Progresista, de perfil liberal y progresista.

En 1930 rechaza la invitación del general Uriburu a integrar su gabinete, fiel a su convicción democrática por la significación del voto popular. En 1933 denunciará en el Senado de la Nación la firma del pacto Roca-Runciman, por el que el gobierno argentino cede ante todas las exigencias del gobierno inglés en temas tales como los frigoríficos y las licencias de importación de carnes argentinas, los ferrocarriles, aranceles, y hasta el control cambiario.

La corrupción en la comercialización de las carnes por parte de los frigoríficos ingleses, lo lleva a afirmar que "la industria más genuina del suelo argentino, la ganadería, se encuentra en ruinas por obra de dos factores principales: la acción extorsiva de un monopolio extranjero y la complicidad de un gobierno que unas veces lo deja hacer y otras lo proteje directamente."

El debate sobre la ley de represión al comunismo fue su última actuación como funcionario, oponiéndose fervientemente -con el radical Eduardo Laurencena y el socialista Mario Bravo- al proyecto de Matías Sánchez Sorondo, por entender que éste era un ptoyecto fascista y atentatorio de los derechos democráticos ciudadanos.

En 1937 renuncia a su banca en el Senado de la Nación, que ocupaba desde 1932. El asesinato de su amigo Enzo Bordabehere, ocurrido en la sesión de la Cámara del 23 de julio de 1935, lo impactó profundamente, porque él era el verdadero destinatario. Se retiró de la escena política y sólo brindó algunas conferencias, hasta que decide suicidarse en enero de 1939.

En el seno de una familia aristocrática, nace Ernesto Guevara en Rosario el 14 de mayo de 1928. Debido a un problema asmático que lo afectaba desde niño, se muda con su familia a la localidad cordobesa de Alta Gracia. Luego viajan a Buenos Aires, y en 1953 se recibe de médico, especializándose en alergia. Había ya recorrido en motocicleta buena parte de América con su amigo Alberto Granados, compenetrándose con la realidad social del continente, y vuelve a hacerlo una vez graduado, esta vez con la intención de integrarse a los grupos revolucionarios de Guatemala. Debe pasar a México en 1955, donde se casa con Hilda Gadea, y conoce a Fidel Castro por intermedio de su hermano, Raúl Castro. Comienza en ese país su entrenamiento militar, y en 1956, a bordo del "Granma", inicia la invasión a Cuba con otros 81 guerrilleros. Equivocan el rumbo y desembarcan en una zona pantanosa, donde son descubiertos por el ejército de Batista. Sólo sobreviven 12 hombres, que comienzan la "guerra de guerrillas", dispuestos a enfrentar un ejército profesional de 12.000 hombres. Logran eludir el cerco, y Fidel lo nombra "Comandante de la cuarta columna", para despistar al enemigo, pues sólo había una. Nacía el Comandante Che Guevara, y su nombre empezaría a correr con los vientos del mundo.

En 1965 envía un texto al semanario uruguayo Marcha, en el que caracteriza a un revolucionario, del siguiente modo: "Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad. Quizá sea uno de los grandes dramas del dirigente: éste debe unir a un espíritu apasionado una mente fría y tomar decisiones dolorosas sin que se le contraiga un músculo. Nuestros revolucionarios de vanguardia tienen que idealizar ese amor a los pueblos, a las causas más sagradas y hacerlo único, indivisible. No pueden descender con su pequeña dosis de cariño cotidiano hacia los lugares donde el hombre común los ejercita... En esas condiciones hay que tener una gran dosis de humanidad, una gran dosis de sentido de la justicia y de la verdad para no caer en extremos dogmáticos, en escolasticismos fríos, en aislamiento de las masas. Todos los días hay que luchar porque ese amor a la humanidad viviente se transforme en hechos concretos, en actos que sirvan de ejemplo, de movilización".

A pesar del empecinamiento del sistema por reducir al Che a posters y remeras, a pesar de su brutal asesinato en Bolivia en 1967, sus objetivos e ideales siguen vigentes. En la Facultad de Humanidades y Artes de la U.N.R. se demostró esta afirmación, con la inscripción de cientos de jóvenes a la cátedra Ernesto Che Guevara, en la que -desde 1997- se discute no sólo la figura del Che, sino los problemas acuciantes de la actualidad.

 

Los plásticos

 

Con estilos diferentes e inconfundibles, cuatro artistas plásticos reflejaron la realidad de su tierra y la mostraron al mundo.

Ricardo Supisiche, nacido en Santa Fe en 1912, estudió primero en la academia de José Reinares, luego con Sergio Sergi -quien marcara decisivamente su opción de vida- y después estudia dibujo publicitario, y en 1936 inicia su actividad docente en el taller del Liceo Municipal de Santa Fe. Comienza a exponer en el país y el exterior, mostrando el río y su paisaje con el agregado de su propia subjetividad y su manera de interpretarlo. Dice de él Taverna Irigoyen: "Pintor de atmósferas -no obstante definir con precisión las formas transubstanciadas: una canoa, las redes, una mujer, el rancho-, Supisiche recupera desde su memoria el espíritu de la isla y le da resonancias de paisaje universal." Esas mismas islas por las que Supisiche gustaba navegar en solitario, maniobrando su embarcación con su único brazo.

Criado en la costa santafesina y sus islas, Juan Arancio ha reflejado el espíritu de este paisaje y su gente a través de su obra, de manera que sus cuadros crean en el observador la sensación de ser partícipe de los mismos. No pueden ser mirados "desde afuera". Inevitablemente Arancio trasmite, con la belleza de sus trazos, lo que está viendo, lo que él mismo vivió, lo que su memoria y su imaginación agregan a su modelo, sea éste real o no. Es decir, a su dominio del dibujo incorpora su visión de la realidad.

Si bien estudió durante poco más de un año en la Escuela de Artes Plásticas de Santa Fe (Arancio reconoce que poco le enseñaron allí porque poco sabían), debe su formación a su propia perseverancia. A su trabajo solitario desde los seis años, en que intentaba reproducir la magia del paisaje, y su amor por el mismo y sus habitantes.

Nacido en Rosario en 1905, Antonio Berni fue un convencido de que el arte debe dar testimonio de los problemas de su tiempo. Comenzó sus estudios en un taller de vitrales y tomó clases de dibujo y pintura en el Centre Catalá.

Gracias a una beca del Jockey Club viaja a Europa y estudia en París con André Lhote y Othon Friesz, compenetrándose además con las vanguardias artísticas que innovaban la pintura mundial: cubismo, fauvismo, surrealismo, y el contacto con los grandes que representaban esos movimientos: Aragón, Dalí, Eluard, etc.

En 1930 regresa a Rosario. Lo destacable de Berni es que a pesar de fuerte experiencia europea, no pintaba "a la manera de" sino, por el contrario, apropiándose de las nuevas técnicas y concepciones, las adapta a un lenguaje propio. Oleo, collages, fotomontajes, materiales de desecho, todo sirve a Berni para permitirle transmitir su visión de la sociedad. Su paisaje es el urbano y, en él, el hombre y su cotidianeidad. Obras como "Pan y trabajo", "Desocupados", las series de Juanito Laguna y Ramona Montiel, son conocidas y valoradas en el mundo entero.

Leónidas Gambartes nació en Rosario en 1909. Si bien es parte de su formación la amistad con los alumnos de Fernando Gaspary, concurre en 1933 a la Mutualidad de Estudiantes y Artistas Plásticos de Rosario, donde tiene maestros de la talla de Berni. Luego, en 1937, da clases de Historia del Arte en la Sociedad Argentina de Artistas Plásticos, y más tarde en Amigos del Arte. Después de integrar la Agrupación de Plásticos Independientes, fue uno de los fundadores del Grupo Litoral, junto a Francisco García Carrera, Juan Grela, Oscar Herrero Miranda, Minturn Zerva, Alberto Pedrotti, Hugo Ottmann, Carlos Uriarte entre otros, sumándose luego Pedro Giacaglia y Froilán Ludueña.

Fue invitado a participar de las Bienales de San Pablo (1947) y de Venecia (1956). Con el correr de los años utilizó una técnica por él inventada, el cromo al yeso, que Rafael Sendra describe así: "Este es un método para tratar el soporte mediante sucesivas capas de yeso con aglomerante a base de goma que después de secado ofrecía en el plano del cuadro una superficie mate, sin destellos brillantes, seco y absorbente a la vez, blanco como la cal y con las asociaciones que brinda el mineral. Este material, poroso y ávido de humedad, se presenta muy apto para ser cubierto con las pinturas al agua -Gambartes usó acuarelas, pero son posibles témperas, tintas y aun óleos y otros- y que mediante pinceladas de distinta saturación y valor permite sutiles veladuras, graduando la cantidad de medio. Después de aplicar la pintura, rayando y punteando con el cabo del pincel o de instrumentos agudos, este fondo fue llevado a emerger en las superficies del color".

"Yo sólo trataba de escuchar la voz de las cosas circundantes y muchas veces pensé que algo más fuerte que yo me obligaba a trabajar infatigablemente para expresar todas esas voces anónimas; tal vez por eso he llegado a creer que un artista, antes que todo, es un revelador de verdades esenciales, solidarizado con las gentes a quienes de alguna manera representa". (Leónidas Gambartes)

 

Como antes dije, no bastan esta pocas páginas para recordar a quienes a lo largo de este siglo dejaron huellas imborrables en nuestra provincia. Tantos periodistas, deportistas, escritores, tantos hombres y mujeres quedan pendientes, que necesitaríamos varias páginas más.

 

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

ALVAREZ, Juan: Historia de Rosario, 1689-1939, Rosario, Secretaría de Cultura y Educación y U. N. R., 1998.

BUSANICHE, José Carmelo: Hombres y hechos de Santa Fe, primera, segunda,tercera y cuarta serie.

HISTORIA DE ROSARIO, revista de la Sociedad de Historia de Rosario, números varios.

LOPEZ ROSAS, José Rafael: Santa Fe, la perenne memoria, Gobierno de la provincia de Santa Fe, 1999.

VARIOS AUTORES: Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe - Tomos 1 al 4, Santa Fe, Ediciones Sudamérica, 1990-1993

VARIOS AUTORES: Paraná, el Pariente del Mar, Rosario, Bibioteca/Imagen, 1973.

VARIOS AUTORES: Santa Fe: El Paisaje y los hombres, Rosario, Ed. Biblioteca, 2ª ed., 1974.

VASTO MUNDO, revista de la Municipalidad de Rosario, Secretaría de Cultura y Educación, números varios.

 

 

RECUADROS QUE ACOMPAÑARON EL TEXTO EN EL DISEÑO GRAFICO DE LOS FASCICULOS

  

A

 

-¿Qué consejos les daría a los jóvenes?

-Que amen a la ciudad, que la quieran...

-Como la quiso usted...

-Sí, claro

-No hay que olvidar que en definitiva Rosario lleva nombre de mujer.

-¿Porque se llama Rosario? No, Rosario es Rosario, siempre fue muy macha...

 

Revista Vasto Mundo Nº 15, entrevista de Horacio Vargas a Wladimir Mikielevich, junio de 1998.

 

B

 

No había maestros de plástica, no había una clase de arte especial. El arte estaba en el vivir cotidiano, porque la sensibilidad estaba en el vivir cotidiano. Y así era el canto, así era la música, los juegos rítmicos que inventaban en el teatro de niños. (...) Sería limitar la obra de la escuela si se creyera que únicamente se abocaba a esta expresión plástica derivada en distintos caminos, en distintos senderos. Había también una formación solidaria con el medio, con el pueblo, con la gente, a través de las misiones culturales que los niños realizaban a los barrios llevando temas que pudiesen interesar a sectores un poco postergados de la sociedad y de la vida: el agua, los insectos dañinos, ciertas precauciones que había que tener para decantar el agua, para evitar epidemias.

 

Palabras de Leticia Cossettini, en la película "La escuela de la Sta. Olga", de Mario Piazza.

 

C

 

Carta del Che a sus hijos:

 

A mis hijos queridos Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto:

Si alguna vez tienen que leer esta carta será porque yo no esté entre ustedes. Casi no se acordarán de mí y los más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y seguro ha sido leal a sus convicciones, crezcan como buenos revolucionarios, estudien mucho para poder dominar la técnica, que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la Revolución es lo importante y que cada uno de nosotros solo no vale nada. Sobre todo sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo, es la cualidad más linda de un revolucionario.

Hasta siempre hijitos, espero verlos todavía, un beso grandote y un gran abrazo de

Papá

 

   

D

 

En general, se llama pintores americanos a los que parten del arte indígena y pintan frecuentemente valiéndose de colores terrosos. Yo, que no pertenezco a ese grupo de pintores, creo sin embargo serlo pues mi pintura tiene mucho que ver con el lugar en que vivo (aunque no lo describo), con su color, su luz, sus habitantes, las supersticiones y los miedos que los sacuden, etcétera. Creo que mi pintura es un producto de este medio litoral y que, por ende, tiene el espíritu de esta parte de América.

 

Ricardo Supisiche, entrevista realizada por Jorge López Anaya.

 

 

E

 

Yo creo que pinto el sentimiento de la superstición, de lo mágico, de la memoria de la tierra, de las formas y colores que éstas suscitan, la vida cotidiana de cierto tipo de gente de nuestro país (me refiero a la gente más arraigada de nuestro medio, la que de alguna manera ya es América) y trato de expresar en el ámbito de mi ambiente litoral lo que éste tiene de nacional, con su fondo mítico, profundo, que está más allá de las grandes extensiones sembradas o de los campos con ganado, que está en el fondo anímico de las gentes y que por allí, se conecta con el hombre universal, y trato de hacerlo dentro del lenguaje específico de la pintura.

 

Leónidas Gambartes, entrevista realizada por Rubén Sevlever, 1958.

 

 

 

 

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