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RITO DE LA AUSENCIA

 

 

Ediciones JUGLARIA - 1984 Y 1995

 

 

 

a Carolina, Nicolás,

Imanol y Federico

 

 

I

 

En este transitar de sombras y montañas

con las manos extendidas

perpendiculares

a mi pecho hinchado de sed,

 

te busco

 

desde mis cientos de siglos

mi desarrollo físico y mental

mis pasiones infinitas

mi naturaleza

moldeándose desde sus entrañas

de rodillas a nuestra sensibilidad acorralada.

 

Y camino

 

con mi humana soledad a cuestas

extrañando tu sueño

hurgando indefinidas sombras

consultando al viento y a las piedras,

a las hojas secas y las verdes,

a todo aquello que aún se guarda intacto

inviolable

y tan seguro de sí mismo

como de su eternidad en la vida y en la muerte.

 

II

 

No acepto la infancia como símbolo

de alboradas

dueñas absolutas

de su lenguaje propio

o de un futuro promisorio o desafiante.

 

Yo descubrí en el nacimiento de mis hijos

la permanencia inquebrantable del amor

como fuente indestructible de energía

y la magia de la creación

como fruto de lo imperecedero de mi cuerpo;

y me postré ante ellos desde el primer llanto

porque hasta la eternidad

serán los exclusivos cancerberos

de sus propios e indelebles enigmas.

 

No estoy dispuesto

tampoco

a resignarme ante la muerte

ni aceptarla como el eslabón de un ciclo.

No quiero hablar

de aceptación

comprensión

adaptación

en fin, resignación

quien se resigna ante la muerte

se resigna también ante la vida.

 

Siento

aún

la impotencia ante lo magnificente

la incertidumbre de lo ignorado

 

el temor

las dudas

el asombro diario

por todos y cada uno

de los eslabones del ciclo natural,

monótono y cotidiano

como el salir del sol

el amanecer de las estrellas

el llanto de un pimpollo

emocionado de rocío

o un débil pichón que inicia el vuelo.

 

 

III

 

Busco al hombre

para encontrar la paz

y no para remendar heridas:

como una alborada

una común y definitiva

sin grandes luces

pero sin sombras tenebrosas

al acecho.

 

No quiero la paz de utilería

que sirva de consuelo.

Busco

la paz como uno más

de los sagrados elementos,

como el fuego, el agua,

la sombra, el silencio,

el parto, las montañas,

la muerte o el pan.

 

IV

 

Quiero conservar el culto

primitivo y ancestral

ante lo mágico:

lo que no es del hombre

y hace al hombre.

 

Por eso busco y necesito

al hombre esencial,

el de carne y huesos

pero con un armazón de acero

o de nieve

de fuego o agua dulce

o lo que sea,

el que guarda en sus más recónditas esquinas

el Innombrable:

en sus miradas más superficiales

en sus manos y en sus pies

y en cada poro de su piel,

el que convive

y lo alimenta y se alimenta.

 

Por eso

mi temor de negociar

el gusano que un día se hizo hombre

por el hombre

que cada día quiere hacerse más gusano.

Estoy cansado

de buscar al hombre

tumultuoso y cerebral

laberíntico y mortal

el de carne y hueso y nada más

 

y nada más.

 

V

 

Mi único poema

dirá

 

me despojo de mí

y te descubro.

 

 

 

 

 

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